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Prefacio

Como todos ustedes ya saben, con la finalización del Prototipo del Paraíso Terrenal en Atami (ZUIUNKYO), tal como fue expresado por Meishu sama, “comenzará la expansión de la luz de la salvación hacia todos los rincones del mundo”.

Nosotros los miembros mesiánicos, debemos ser los portadores de la Divina Luz. Debemos dar a conocer a la humanidad todas la virtudes de Meishu sama, no sólo bajo su aspecto como Ser Divino, sino también como un ser humano ideal, aspecto que se puede evidenciar a través de su vida cotidiana.

Así publicamos este libro “Reminiscencias de Meishu sama”, en el cual, Su esposa y Segunda Líder Espiritual, Nidai Sama nos relata algunos aspectos de la vida de nuestro Maestro. Aquí vemos que la “posición de servidor” que Él asumió en su vida, es el verdadero camino que debe guiar nuestra dedicación, pues en la práctica diaria Meishu sama está siempre buscando la llamada del Amor de Dios.

Nuestro deseo es que este modesto libro colabore, aunque sea en pequeña parte, para nuestro crecimiento espiritual, y que a través de él podamos acercarnos más a Meishu sama teniendo de esta manera una visión más amplia y clara de lo que fue su vida.

Muchas Gracias.

por Nidai Sama

DE LA SOMBRA HACIA LA LUZ

Meishu sama nació el día 23 de Diciembre de 1882, el día siguiente al solsticio de invierno en el hemisferio norte. En Japón decimos que después de esta fecha los días comienzan a ser más largos que las noches.

Por el hecho de haber sido ésta la fecha de su nacimiento, día en que el mundo comienza a cambiar de la sombra hacia la luz, se puede citar como un signo de buen augurio. El nació para traer luz al mundo.

Fue en 1928, cuando tenía 46 años de edad, cuando percibió su misión espiritual y cerrando sus actividades comerciales inició una nueva vida. Yo diría que su misión no fue determinada en ese momento, sino antes, en el momento de su nacimiento.

El vio por primera vez la luz del día, próximo a un Templo de la diosa Kannon en Hashiba, en la ciudad de Asakusa situada en la parte nordeste de Tokio.

La madre de Meishu sama no tuvo leche suficiente para amamantarlo. Entonces, pidió a la esposa del sacerdote del Templo Budista de Rensoji que estaba en el vecindario, que la auxiliase para alimentarlo y así, a duras penas, Él fue creciendo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, visite Hashiba y sus vecindades juntamente con Meishu sama. El Templo Rensoji a pesar de estar dañado, estaba en pie, pero de su antiguo hogar no había vestigios. Sin embargo, algunas pequeñas casas permanecían como hace algunos años atrás, sin señales de haber sufrido grandes modificaciones.

LA VIRTUD HEREDADA DE SUS PADRES

Se decía que Meishu Sama tenía la fisonomía y el carácter similares a los de su bisabuelo, y recuerdo que El mismo decía: “el espíritu de mi bisabuelo me guía”.

Una tienda de empeños bajo el nombre de Musashiya había sido el trabajo de la familia de Meishu sama de generación en generación, y hasta el tiempo de su bisabuelo, el negocio había sido muy próspero.

Pero la fortuna de la familia había disminuido bastante cuando Meishu sama nació, sus padres atravesaban una fase financiera difícil, y hasta era necesario armar tiendas para negociar objetos de segunda mano.

Su madre, como era una dueña de casa de pocos recursos, se empeñaba extremadamente en ser económica y cuidaba de que nada fuese desperdiciado.

Con gran sentido de la responsabilidad, atenta a todo lo que poseía, porque las necesidades así lo requerían, y porque básicamente era una persona que valoraba las cosas, ella fue ejemplo de conducta en el hogar.

Nacido y criado por esta madre íntegra y por un padre honesto y meticuloso en sus actitudes, Meishu sama era el reflejo de estas cualidades prácticas y sumaba a todo esto, sus virtudes e ideas expansivas, inherentes a su persona.

Sus objetos eran guardados en cajones específicos de su escritorio, de modo que incluso en la oscuridad, él podía hallar fácilmente cualquier cosa que desease.

Era tan económico que no desperdiciaba ni una hoja de papel para escribir. Por otro lado, no regateaba en pagar sumas muy altas en dinero, para la adquisición de obras de arte, pues valoraba la obtención de hermosos trabajos artísticos.

Aparentemente no fue preparado en cosas especiales, pero absorbió en el hogar, durante su infancia, muchos hábitos buenos, cimentando una base de gran valor para su vida futura.

ESPIRITU DE INDEPENDENCIA

Contrastando con una constitución física frágil y delicada, Meishu sama poseía un espíritu fuerte. Desde la infancia, manifestó una sobrenatural espiritualidad.

Meishu sama poseía características personales especiales: tenía las orejas bien modeladas y, en el Japón se creía que quien tuviese los lóbulos de las orejas grandes y llenos, nacía bajo buena estrella.

Cierto señor, poseedor de considerable fortuna en comercios de molinos, y deseando preservarla para sus descendientes, pidió a Meishu sama que sea novio de su hija y se convierta en su hijo adoptivo. Su respuesta fue categórica: “Yo nunca cambiaré mi apellido y estoy decidido a tener yo solo mi propio hogar y construir algo valioso”. De forma irreductible rechazó las ofertas de ese señor, causando gran desilusión a sus parientes. Esta negativa, demostró que desde su juventud poseía un espíritu fuerte de independencia y una determinación de elevados planes para su vida futura. Con el pasar del tiempo, a pesar de su fragilidad física, de su salud siempre precaria, consiguió él sólo obtener, verdaderamente, un equilibrio sorprendente.

En un perfeccionamiento constante, leyó mucho, estudió varios temas, profundizó en estudios filosóficos, asistió a conferencias.

Deploraba la situación infeliz hacia la cual la sociedad se estaba encaminando y pese a ser casi ateo, contribuía mensualmente de manera considerable para el Ejército de Salvación, en apoyo a las actividades filantrópicas del pueblo japonés.

Muchas veces le preguntaron: “¿Por qué usted da mensualmente una contribución tan sustanciosa para el Ejército de Salvación, si Usted no es cristiano?”. Meishu sama respondía: “Ustedes hacen cosas buenas por la humanidad, por eso lo hago”, demostrando así su constante preocupación y su gran sentimiento. Se empeñaba en mejorar la suerte de la sociedad, por lo cual decidió publicar un periódico para tal fin trabajando como editor y hasta probó suerte en la Bolsa de Comercio para obtener fondos, pero de todos modos fracasó. Sin embargo, siempre estaba dispuesto a luchar en aquello que pudiera ser para el bienestar de la sociedad.

Se esforzaba constantemente en mejorar la suerte de los otros. Por ejemplo: cuando se estaba preparando para dedicar exclusivamente su vida a actividades espirituales, generosamente dividió entre sus empleados su propio negocio, fruto de años de arduo trabajo.

Desde su infancia, Él tuvo ese sentimiento, por eso naturalmente inició este camino.

POSEIA HONRADEZ DE NACIMIENTO

Cuando Meishu sama tenía 25 años de edad, abrió una tienda en Tokio en la calle Nishinaka, en Nihonbashi y le dio el nombre de Korindo, en homenaje al famoso artista Korin Ogata (1658 - 1716), que era el más admirado por Meishu sama entre todos los artistas japoneses.

En este tiempo vivía con su madre y una joven parienta, y decidió que Él solo enfrentaría la responsabilidad del negocio.

Contó que se levantaba muy temprano y limpiaba la calle frente a la tienda, antes que las personas comenzaran a transitar. Después barría y limpiaba la tienda, preparando diariamente el ambiente de trabajo. También decía que desempeñaba los deberes de tres personas: propietario, vendedor y aprendiz, y que atendía a todos los clientes con cortesía y consideración.

Debido a su intenso trabajo hizo que el comercio prosperara inmediatamente. Si bien al comienzo realizó las tareas de tres personas, con el correr del tiempo tomó varios empleados e hizo tareas comerciales con grandes tiendas.

Cuando abrió la tienda “Korindo”, uno de sus parientes con mucha experiencia en el sector comercial, le aconsejó en la admisnistración del negocio sin observar los tres puntos primordiales para el ser humano: honestidad, cortesía y consideración, y le dijo: “Nadie puede tener éxito en el comercio con una política de total integridad”. En un primer momento Meishu sama pensó que tenía razón, sin embargo le era imposible seguir tal consejo y prosiguió como hasta entonces, con su natural honradez.

Una vez, el Jefe de la Sección Compras de pequeños artículos, de las tiendas Mitsukoshi, una de las mayores y más antiguas de Japón, llegó a Meishu sama y le dijo: “Yo fui nombrado Jefe de Sección hace poco tiempo y sé muy poco acerca de pequeños artículos. Apreciaría enormemente cualquier información sobre este asunto y sobre tiendas especializadas en este ramo o cualquier otro detalle que usted me quiera enseñar".

Meishu sama respondió: “Yo no tengo mucha experiencia al respecto, mas tendré gran satisfacción en contarle lo que sé”. Le dio detalladas informaciones sobre las notas y particularidades especiales de varias tiendas de bijouterie, señalando algunas que eran excelentes en diseños o especializadas en ciertos artículos. El Jefe de Sección de la Mitsukoshi, se fue satisfecho, agradeciendo las informaciones recibidas.

Algunos días más tarde volvió y le dijo: “Hoy yo tengo que pedirle un favor: Usted es un raro hombre de negocios. La mayoría de los hombres con el sólo hecho de oir el nombre de Mitsukoshi, buscan sacar provecho para su propio negocio, pero usted me habló elogiando y analizando los puntos positivos de los competidores, sin decir una sola palabra sobre su propia tienda. Estoy muy impresionado con su moral y consideración. Mi tienda quisiera comenzar a negociar con usted”.

Meishu sama rehusó repetidas veces esta oferta, explicando que su tienda era de venta al por menor, mas ante la continua insistencia, entró en acuerdo con la Mitsukoshi. Esta transacción le obligó a ampliar el negocio para trabajar con ventas al por mayor.

La originalidad de sus innovaciones y su estilo en la actividad comercial, llamaron la atención y simpatía del público, y obtuvo así un gran éxito.

Cambió el nombre de “Korindo” por el de “Tienda Okada”, y empleó a su primer dependiente con participación en las ganancias. Su empresa fue creciendo gradualmente, las ventas alcanzaron enormes cifras y el lucro de los empleados era tan grande, que resulta difícil saber quién estaba en mejor situación, si Meishu sama o sus vendedores, que ganaban más que los vendedores de otras tiendas; esto le granjeó gran respeto y fidelidad en el trabajo.

Uno de los primeros vendedores, el señor Nagashima, que trabajó en la tienda de Meishu sama por largo tiempo, más tarde se estableció por cuenta propia, con gran éxito, más nunca olvidó sus tiempos de empleado, y se enorgullecía por haber tenido a Meishu sama como patrón. Hasta hoy él viene a visitarme y dice: “Meishu sama causó en todos nosotros una profunda impresión, era un patrón poco común. Durante todo el tiempo que trabajamos para Él, sentimos su intensa bondad y auténtica dignidad, que inspiraba en nosotros un gran respeto. Combinaba en su persona firmeza y amor”.

Además de los salarios regulares, Él adicionaba un porcentaje proporcional a la eficiencia del trabajo de cada uno. Su método era muy distinto al de los otros patrones, además por ser creativo y original tenía una forma de trabajo que estaba diez años adelantada a la época.

TENIA VARIADAS AFICIONES

En esa época, Meishu sama terminaba su día de trabajo frecuentemente a las tres o a las cuatro de la tarde, y llamaba por teléfono a casa para que saliéramos juntos hacia el Teigeki (Teatro Imperial) o al cine en la ciudad de Ginza o de Asakusa. A Él le gustaba mucho el cine y siempre organizaba las actividades para tener algún tiempo disponible y ver nuevos filmes.

En aquella época no era común que marido y mujer salieran juntos, así que llamábamos la atención; yo me sentía un poco tímida. A Meishu sama eso no le importaba, pues siempre su pensamiento había sido más evolucionado que la mayoría de las personas.

Nosotros veíamos muchos filmes occidentales. Yo siempre me olvidaba de lo que veía, pero Meishu sama se acordaba de todas las particularidades, no solamente de los argumentos, sino también de los actores, actrices y directores. Durante la función, Él muchas veces dormitaba, mas a pesar de eso, podía contar todo sobre la película. Alguna parte de su mente debía quedar despierta mientras dormía.

Cuando miraba una película, por más que le gustara, en las partes poco interesantes se dormía, y cuando venían escenas de interés se despertaba naturalmente.

También observaba atentamente los vestuarios y anotaba cuidadosamente cualquier cosa que le diese alguna idea para su negocio.

A Él le gustaban las películas modernas. También ir a ver shows japoneses puramente cómicos, como había en Asakusa. Frecuentemente lo vi riéndose de escenas graciosas con lágrimas corriendo por su cara. Tenía interés por todo y apreciaba muchos tipos de diversiones, mas no siempre veía piezas del Teatro Kabuki. Una de las razones era que requería más tiempo para verlas, y los grandes actores no participaban de ellas.

Iba frecuentemente al Teatro en Tsukiji y le gustaba el trabajo del fallecido actor Sadao Maruyama.

Con frecuencia escuchaba música occidental de los grandes clásicos, pero no le gustaban las de fondo triste y nostálgico; se extasiaba al oir el “Mesías” (Haendel), “Carmen” (Bizet), “Aída” (Verdi), “Guillermo Tell” (Rossini). Apreciaba también los célebres valses y una variedad de marchas y composiciones de los grandes compositores. Quedé sorprendida la primera vez que lo vi con un sobrino, marcando alegremente con las manos y los pies, el ritmo de la música.

Cuando había programación de conciertos o cuando las Compañías de Opera o grupos de Ballet hacían su temporada en Japón, Él era uno de los primeros en ir a comprar las entradas. No solamente apreciaba la música y los espectáculos artísticos, sino también la atmósfera general que sentía en un teatro.

LA SOCIEDAD HUMORISTICA “KANKU”

Meishu sama tenía muchos proyectos. El entusiasmo y el esfuerzo que ponía en ellos era extraordinario. Por ejemplo: pese a no haber estudiado ni un poco siquiera, cuando comenzó a componer “Tanka” (poema con 31 sílabas), se concentraba tanto en su trabajo que se quedaba hasta las dos o tres de la madrugada.

Él no sólo escribía poesía Waka sino que también exhorataba a sus seguidores a experimentar con poemas Kanku, pues éstos eran más fáciles para comenzar.

Él se dedicaba también a la prosa humorística, incluyendo aforismos y parodias. Con eso demostraba la necesidad de la risa en la vida humana.

Si un individuo quiere hacer reir a los otros, debe tener un modo y una habilidad natural innata. Y esta cualidad especial para irradiar alegría a su alrededor la poseía indiscutiblemente Meishu sama.

Como vivía en Omori, las circunstancias eran extremadamente adversas. Fue entonces cuando Él hizo un particular esfuerzo para incentivar la risa entre sus amigos, organizando una sociedad humorística Kanku, a la cual dio el nombre de Showakai (Sociedad de la Risa Feliz), tratando de darnos valor a todos.

Próxima a su residencia alquiló una casa que servía de vivienda a los misioneros que hacían sus propios trabajos caseros, a la vez que se dedicaban diariamente a la venta y expansión de nuestro periódico, en la ciudad de Tokio y alrededor. Por supuesto el público, en aquel tiempo, aún con poco entendimiento del real significado de nuestra actividad, no aceptaba fácilmente nuestros periódicos y nuestra presencia, por lo que era muy difícil venderlos.

Los miembros tuvieron inicialmente varias experiencias difíciles; a veces eran apartados en forma fría y desdeñosa. Continuaron firmemente en sus esfuerzos y el periódico creció hasta convertirse en nuestro diario actual Eiko (Gloria).

Con el objetivo de alentar y recrear a esas personas, Meishu sama formó la “Sociedad de la Risa Feliz”. Los inspiraba a trabajar más y mejor por la Causa de Dios, y realmente todos hicieron valerosamente un gran trabajo.

Muchos poemas de alto nivel fueron compuestos por miembros de esta sociedad y recitados en fiestas por un orador especial. Ellos eran tan buenos, tanto en contenido como en estilo, que era más interesante escuchar los poemas humorísticos que oir algunos diálogos hechos por comediantes profesionales.

En esas reuniones se creaba un ambiente de mucha alegría, que hacía frecuentemente que los miembros estallaran en convulsivas carcajadas, hasta que les dolían sus costados de tanto reir.

Meishu sama reía tanto, que las lágrimas corrían por su cara, y así de esta manera reía cada vez más en forma contagiosa. Él creaba una atmósfera agradable de auténtico bienestar, haciendo que todos los presentes olvidaran sus problemas diarios y tuviesen esperanza, renovando el ánimo para sus tareas de cada nuevo día.

LA AURORA DE LA NUEVA ERA

Cierto día de 1931, Meishu sama recibió de Dios la orden de ir al Templo Shintoísta Nihonji, más o menos a un cuarto de camino, en el monte Nokogiri.

En esa época, cuando vivíamos en Omori, íbamos una vez por mes a visitar lugares cercanos de hermosa vista, o al Templo Shintoísta “Nihonji”, o realizábamos reuniones para el estudio de poesía; en oportunidad de una de estas reuniones se definió la visita a dicho Templo.

Partimos con una comitiva de veintiocho acompañantes, el día 14 deJunio. Esa noche nos trasladamos primero en tren hasta Hata, y luego comenzamos a subir a pie el monte Nokogiri, llegamos hasta el Templo “Nihonji”. Meishu sama y todos nosotros, los de su comitiva, tuvimos una agradable conversación hasta muy tarde con el Reverendo Tanaka, el Monje Superior del Templo y nos despedimos con gran sentimiento de gratitud por la calurosa hospitalidad que nos dispensó.

Después descansamos un poco, nos levantamos a las tres de la madrugada y nos preparamos para subir a la cima de la montaña. Como aún estaba oscuro, todos nosotros llevamos linternas. Cuando estábamos a mitad de camino, la primera luz de la aurora comenzó a aparecer, pero en aquella hora había tanta neblina, que nos impedía ver cosa alguna en nuestro camino.

Finalmente alcanzamos la cumbre, y con nuestros corazones ligados a Dios, esperamos en estado de oración la salida del sol. Llevó algún tiempo hasta que el sol se levantó brillante a través de la neblina, y nos envolvió en una atmósfera de gran esplendor. Con mayor luminosidad, tuvimos una vista de las planicies de Kanhatsu y bien a nuestro frente, pudimos ver el monte Seicho, la montaña donde Nichiren, el fundador de la secta budista Nichiren, había alcanzado su iluminación.

La grandeza del panorama estaba más allá de cualquier descripción. Las palabras no son suficientes para traducir nuestras emociones. Parecía que estábamos en una esfera celestial. Todos nosotros exteriorizamos el deslumbrante encantamiento que surgía de las profundidades de nuestros corazones. Siguiendo la dirección de Meishu sama entonamos la oración “Amatsu Norito”. La mística atmósfera que nos envolvió y el poder inmenso que sentimos, permanecen imborrables en mi mente.

Luego Meishu sama nos diría que en ese momento recibió la Revelación del Cambio de la Era de la Noche a la Era del día y de la grandiosa misión que le fue concedida.

SIEMPRE COMO UN SER PARADISÍACO

Al mudarnos a Tamagawa (Gyokusen kyo), Meishu sama cayó en desagrado a la Policía, debido a un infeliz acontecimiento.

Cierta mañana bien temprano, el jefe de la Policía de Tamagawa, vino a hacernos una visita de cortesía. Como Meishu sama habitualmente trabajaba hasta tarde en la noche, parte de la mañana permanecía más tiempo descansando. El portero al atender al Jefe de Policía, dijo que Meishu sama aún estaba acostado. Tal respuesta desagradó a la autoridad, pues pensó que se trataba de una recepción fría. Al final, era una visita de cortesía. Este caso, junto con otros, nos trajeron varios problemas durante todo el tiempo en que vivimos en Tamagawa.

En 1937, la Seccional Policial de la zona, le comunicó que de aquella fecha en adelante, no podría compatibilizar más la enseñanza religiosa con el tratamiento terapéutico. Entonces, Meishu sama decidió continuar solamente con el tratamiento de terapia, prosiguiendo su tarea humanitaria.

Cuando nos mudamos para Tamagawa y tomamos posesión de la propiedad, tuvimos que conseguir un préstamo.

En aquella época, debido a un malentendido, el primer propietario hizo, al mismo tiempo, un contrato de venta al señor Keita Goto. Eso causó un problema legal, y ocasionó un largo proceso judicial que se prolongó hasta poco antes de la muerte de Meishu sama.

Socialmente había una buena relación entre las familias del señor Keita Goto y la nuestra. Las esposas nos llevábamos muy bien, pero debido al problema judicial que surgió, hubo un pequeño estremecimiento en la amistad. Gracias a una cerámica de gran valor artístico llamada “el jarrón de la glicinas”, que fue factor decisivo en la cuestión entre ambas, el largo proceso fue resuelto amigablemente y continuó entre las dos una buena relación.

El método terapéutico de Meishu sama producía resultados tan milagrosos que los frecuentadores aumentaban diariamente.

Aunque tuviese asistentes y auxiliares, el programa personal era muy pesado y Meishu sama frecuentemente se quedaba sin almorzar. Con el correr del tiempo fue evidenciando una fatiga cada vez más fuerte y y no solamente yo sino todos estábamos preocupados por él.

Un día, cuando volvió de FujimiTei (su lugar de trabajo desde donde se avistaba el monte Fuji), habiendo apenas ingerido una taza de sake (vino de arroz), quedó terriblemente pálido y sufrió una crisis anémica. Después de este hecho, comenzamos a pensar que debería hacerse algo para aliviar el ritmo de sus tareas. También oímos que había comentarios acerca de que la práctica terapéutica podría ser prohibida, por eso resolvimos desistir de ello como medio preventivo, anunciando el cese de nuestras actividades, a las autoridades locales.

Fue una sorpresa para la Policía de Tamagawa, mas nuestra decisión fue aceptada sin comentarios. Tal decisión causó una gran transformación en las actividades de Meishu sama, por eso nosotros la consideramos como excelente y oportuna, no sólo por el desarrollo futuro de su misión, sino también por la preservación de su salud. Después de la interrupción de su práctica “terapéutica”, Meishu sama se dedicó a la formación de misioneros que lo auxiliarían en el futuro de Su gran misión y también en la pintura de diseños de la diosa Kannon.

Cuando terminaba el trabajo por la mañana, Él almorzaba y salía a dar un paseo, yo lo acompañaba siempre de cerca, durante las caminatas por los lugares pintorescos de las planicies Musashino, o frecuentemente hasta las márgenes del río Tamagawa.

Mientras paseábamos, Él hablaba siempre y me explicaba sobre las ideas que tenía acerca de su misión.

Meishu sama veía el futuro claro y luminoso y yo jamás conseguí descubrir en Él ningún punto negativo. Aunque experimentaba muchas dificultades y sufrimientos, nunca salía de Él una palabra desagradable.

Siento que fue realmente un hombre que vivía como un ser paradisíaco, con su pensamiento ligado a Dios. Un ser realmente feliz. Todos nosotros deberíamos seguir su ejemplo.

PROYECTO DEL MUSEO Y SU REALIZACIÓN

Un día mientras estábamos paseando a lo largo de la margen del río Tamagawa, Meishu sama me contó sus planes y aspiraciones. Me dijo en confidencia: “Espera y verás que yo voy a construir un Museo de Arte”.

Esta afirmación está viva en mi memoria. Yo sabía que ninguna colección individual llenaría un Museo de Arte, pero sin embargo dije: “Eso es óptimo”, expresando mi aprobación, aunque en verdad, interiormente no creía que ese proyecto pudiera tornarse realidad. En aquel tiempo ese plan era semejante a atrapar una nube, un poco más que un absurdo para mí. Sin embargo, ¿qué ocurrió?; imaginen mi sorpresa cuando en menos de diez años, aquel sueño se tornó realidad.

El Japón se sumergió en la Segunda Guerra Mundial. A su término, la situación se modifició por completo, lo cual lo llevó a hacer su propia reforma. El impuesto sobre inmuebles y el cambio hacia el nuevo sistema monetario, obligaron a las clases nobles y ricas a poner sus inmensas colecciones de arte a la venta. Objetos que ellos habían coleccionado con cariño en sus hogares eran vendidos para pagar sus impuestos sobre inmuebles o reestablecerse en sus negocios. Eso ofreció a Meishu sama una oportunidad ideal para realizar su deseo más querido: tornar tales objetos accesibles al público. Así comenzó la colección y la construcción del Museo de Arte en las tierras del Shinsenkyo en Hakone. En el corto plazo de un año y siete meses, el Museo fue abierto al público.

Meishu sama se sintió muy feliz con la admiración pública y por la velocidad extraordinaria con que el Museo se completó. En el día de la ceremonia de apertura, Meishu sama mostraba más que nadie candor y alegría en su rostro y eso es lo que más se grabó en mí.

EL CAMINO DE LA AGRICULTURA NATURAL

Mientras Meishu sama vivió en el Hozanso de Tamagawa, convirtió las espaciosas tierras en jardines de flores, campos para plantaciones de té, de legumbres y de arroz. Él animaba a los jóvenes trabajadores tomando parte en el trabajo. Al mismo tiempo estudiaba la consistencia del suelo y su naturaleza química.

Al comienzo, nosotros no prestamos mucha atención a ese proyecto, pero Meishu sama se dedicaba todos los días a él en su tiempo libre. Más tarde percibimos que Él estaba trabajando de acuerdo con un plan muy profundo. “Este es un producto cultivado por el proceso natural. ¿No es delicioso?”, nos preguntó después que la primera cosecha llegó. Las muestras eran realmente buenas. Después de muchos años de estudio, Meishu sama llegó a la conclusión de que su método natural de cultivo era el mejor, y lo defendió con fervor. Eso dio nacimiento a la actual Asociación para la Expansión de la Agricultura Natural, que está siendo practicada en todo el país.

DESCUBRIR LA CAUSA

Casi todas las noches Meishu sama recibía relatos sobre lo acontecido diariamente en nuestra organización.

Cuando no había un progreso notable por un período considerable de tiempo, y sí una disminución en el número de personas que recibían Johrei, frecuentaban los servicios o se adherían a la Institución, El instruía a su secretario para que se informara sobre las causas.

Decía: “Esto no es bueno, no debería ser así”, “Debe haber una razón”, y personalmente averigua ba la causa.

Meishu sama daba entonces directivas para corregir la situación. Siguiendo el mismo método, nuestro trabajo se expandió firmemente.

MEISHU SAMA EN EL TEMPLO MUROOJI

Esto aconteció un día de 1954, cuando Meishu sama visitó un Templo antiguo llamado Murooji, cerca de las montañas de Yoshino Japón.

Tan luego el programa de su visita fue anunciado, algunos de los Dirigentes que trabajaban en aquel distrito visitaron el Templo para inspeccionarlo antes de su llegada. Hablaron a los Sacerdotes de la visita inminente de Meishu sama y pidieron que el mejor de los cuartos de huéspedes fuese preparado.

Al contrario de lo esperado, la respuesta fue: “El puede ser un Jefe Espiritual para su gente, mas hay una regla aquí que establece no abrir nuestro mejor cuarto de huéspedes a ninguno que no sea reconocido por nosotros como un ser espiritual muy elevado. Nosotros no podemos transgredir la regla”. Nuestros Dirigentes entonces, simplemente pidieron a los Monjes que preparasen todo, del modo que ellos pensasen adecuado para la ocasión.

En el día marcado, Meishu sama llegó con sus seguidores y misioneros, que quedaron sorprendidos al encontrar a todos los Sacerdotes vestidos con sus mejores ropas para recibirlos. Con gran respeto y cortesía, ellos condujeron a Meishu sama al mejor cuarto de huéspedes, el mismo que habían dicho a nuestros Dirigentes que no estaba disponible.

Al preguntarles qué los había hecho cambiar de actitud, la repuesta fue muy interesante: “De acuerdo con la tradición, este Templo era guardado desde los tiempos más antiguos por un espíritu poderoso. Cuando una persona de alta espiritualidad venía a visitarlo, el espíritu guardián provocaba una lluvia horas antes de su llegada, para que el área quedase purificada, lluvia que cesaría en el momento en que la persona apareciese”.

El día de la visita de Meishu sama, a pesar de que había llovido fuertemente hasta dos horas antes de su llegada, no sólo estaba todo despejado sino que el agua del río Muroo, frente al Templo, había continuado tan clara como siempre. Así percibieron que el visitante esperado ese día era realmente un hombrte de alta espiritualidad y habíanse preparado apresuradamente para recibirlo de manera digna.

HEROES DE LA ACCIÓN

Meishu sama frecuentemente hablaba sobre la dificultad de poner la palabra en acción, y decía que era muy difícil realmente, vivir de acuerdo con sus Enseñanzas. Él mismo era un hombre de acción y una vez que había dicho alguna cosa ya la estaba efectuando.

Muchos de aquéllos que lo conocían bien, expresaban su admiración por esa cualidad. Uno de ellos cierta vez me dijo: “Yo conocí a muchos hombres distinguidos, pero nunca conocí ninguno que transformase sus palabras en acción, como Meishu sama”.

Muchos hablan frecuentemente sobre sus planes, pero pocos los llevan adelante. Cuando Meishu sama dice algo es porque ya lo está haciendo; pienso que por eso realiza tantas grandes cosas. Aplicó siempre el principio de las decisiones inmediatas. Siendo un típico edoko (persona nacida en Edo, antiguo nombre de la ciudad de Tokio), Meishu sama trabajaba rápida y enérgicamente. Estas cualidades eran características especiales de los “edokos” y siendo así, era habitual para Él terminar en un año lo que para otras personas llevaría diez.

Eso fue especialmente verdad con respecto a su colección de arte. El reunió muchas preciosas obras de arte en un increíblemente corto espacio de tiempo. Cuando todos supieron de ese gran hecho, quedaron sorprendidos y llenos de admiración y respeto por Él. No era difícil para los coleccionistas adquirir una colección de objetos de arte, siempre que tuviesen bastante dinero y tiempo para gastar. Pero nunca oí hablar de otra persona que lo hiciese tan rápidamente como Meishu sama.

Esta era una de las características que lo hacía destacarse. Aunque aún no estábamos en la Era del Espacio, Meishu sama hacía las cosas siempre a la velocidad de esa Era.

Luego que una idea se le ocurría, inmediatamente la transmitía y la ponía en práctica. Pienso que seguirlo en esa práctica era muy bueno para todos nosotros, para nuestra salud mental. Si un individuo tuviese alguna cosa para decir o hacer, es mejor comenzar sin demora, en vez de guardarla en la mente, imaginando cuándo debería ser dicha o hecha. Si no lo hace, será una carga mental. Hablando, actuando sobre una idea, o pidiendo a alguien que haga alguna cosa sobre ella, liberamos la mente y podemos continuar el próximo proyecto o idea. El principio de la desición mental, es el principio de la higiene mental, esto es, la acción de la purificación mental natural. Si un individuo adquiere esa condición mental, podrá realizar muchos trabajos durante su vida. Meishu sama conservaba su mente alerta durante un paseo, tomando té o conversando con otras personas. Nunca permitía a su mente que quedase exhausta o adormecida. Es una de las razones de haber podido alcanzar tanto durante su vida.

CALIDEZ PATERNAL

Meishu sama realmente combinaba la firme actitud de un padre conciente por un lado, con una indescriptible calidez paternal por otro. Eso daba una impresión tan agradable a todos los que entraban en contacto con Él, que no podían olvidar en toda la vida. Él era una persona que dejaba tras de sí algo de calidez. Aún queda en mis oídos la inconfundible pronunciación típica de Edo (actual Tokio), y también su humor irónico y sus graciosos chistes, en el mejor estilo Bernard Shaw. Cada uno de esos hechos los recuerdo vivamente y me producen una gran nostalgia.

CONFIANZA EN LAS PERSONAS

Una de las mayores virtudes de Meishu sama, era que confiaba en extremo en las personas. Esa era una de las razones por la cual Él era amado y respetado por todos. Si alguien fallaba en el desempeño de sus deberes, Meishu sama lo reprendía con rigurosidad, pero nadie tomaba esa reprensión como tal. Contrariamente, el infractor estaba agradecido y la consideraba como un incentivo y deseaba un mayor progreso en él.

Meishu sama tenía una actitud franca y sincera con todos, hasta con aquéllos que encontraba por primera vez, porque Él sabía que todos los hombres son hijos de Dios. Su comprensión y naturaleza cariñosa eran expresadas en el modo como trataba a los empleados en el negocio. Y la fe en Dios quedó demostrada cuando dejó el mundo de los negocios para dedicar su vida al trabajo espiritual.

Con esta misma firme confianza en Dios, persistió hasta que construyó el Prototipo del Paraíso Terrenal, y completó el resto de la misión que le fue confiada por Dios.

MAS QUE LOS AÑOS, LA CANTIDAD DE TRABAJO

El contar los años de una vida no tiene sentido, debemos olvidarnos de la edad. Meishu sama, pese a tener una edad avanzada, poseía el ánimo de un niño y creo que debemos aprender a vivir con ese vigor. Después que Meishu sama ascendió al Mundo Espiritual un señor vino a mí y dijo con pesar: “Yo pensé que Meishu sama viviría mucho más tiempo, hasta una edad muy avanzada; pero en vez de eso Él tuvo una vida corta”. En verdad, Él vivió menos años de los que la mayoría de las personas esperaban. Pero Meishu sama nos dejó una cantidad inmensa de extraordinarios trabajos y yo creo que todo eso equivale a una vida extraordinariamente larga.


Capítulo I
por NIDAI SAMA

por Kyoshu Sama

CONSTANTE CONCIENCIA DE DIOS

Cuando recuerdo la vida diaria de Meishu sama, puedo decir que aunque Él pareciese bastante natural e informal, en realidad era bien conciente de sus responsabilidades como Líder Espiritual, y llevaba una vida moderada de acuerdo con las leyes.

Por largo tiempo yo creía que la puntualidad de Meishu sama era un hábito natural de su carácter pero una vez Él dijo: “Como cualquier otra persona, yo también me siento cansado muchas veces y quisiera descansar en vez de trabajar; pero si no cumpliera con lo que está determinado, lo que les digo a los miembros respecto de la hora sería una mentira”. Así aprendí que cuando enseñaba algo a los demás era porque Él mismo se esforzaba en practicarlo. Eso me hizo muy feliz y aumentó mi respeto por Él.

Meishu sama decía frecuentemente: “Interferir en el tiempo de mi programa es perturbar el trabajo de Dios”. Lo que quería decir era que El mismo seguía un régimen riguroso que le posibilitaba estar siempre conciente de los deseos de Dios. Si cualquier persona interrumpía su programa, el Plan de Dios se atrasaba. Lo más importante para una persona de fe, es corresponder a la Voluntad de Dios.

Creo que Meishu sama siguió y cumplió la Voluntad de Dios a través de su vida diaria.

IMPARCIALIDAD Y CONSIDERACIÓN

Meishu sama estaba siempre muy ocupado, pero dejaba a sus hijos actuar libremente. En asuntos de creencias religiosas, Él nunca presionaba para que aceptaran sus condiciones, nos permitía hacer lo que queríamos y nos decía: “Cada uno debe hacer aquello que más desea; pero actos errados nunca deben ser cometidos”.

La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar, y las personas sufrían aún por carencia de las cosas más necesarias, por esta razón Él nos enseñaba a no desear por demás. Por ejemplo, si usábamos el coche de la familia sin necesidad nos reprendía por ser irresponsables y perezosos. Tampoco nos permitía lujo alguno; separaba claramente la sincera dedicación de los miembros para la Obra Divina, de nuestros quehaceres particulares.

Me acuerdo que mi dinero para gastos menudos era mucho más escaso que lo usual en esa época.

Meishu sama insistía en que fuésemos conscientes del respeto a los saludos. En el Japón, saludar a los padres es de vital importancia en las relaciones de la familia. Al levantarnos siempre teníamos la obligación de ir a saludarlos y como a mí me gustaba dormir demasiado, Meishu sama me decía: “Puede dormir hasta tarde, pero venga sin falta y diga buenos días”. En verdad era embarazoso ir hasta Él en horas avanzadas de la mañana, y yo sinceramente lo hacía avergonzada. En tales ocasiones Él me decía: “Llegó muy temprano hoy,. ¿no es así?”; o alguna otra cosa igualmente perturbadora. Yo me sentía aún más confundida y entonces me hacía a mí misma la promesa de levantarme más temprano a la mañana siguiente. Incluso cuando Meishu sama reprendía a las personas con humor, sus palabras alcanzaban la profundidad de sus mentes y así nunca eran olvidadas.

En la mesa, Él hacía frecuentemente observaciones graciosas provocando la risa de todos y nosotros saboreábamos alegres nuestras comidas. Pero frecuentemente mantenía conversaciones muy instructivas con nosotros mientras comíamos y nos contaba muchas anécdotas de su juventud, hasta a veces en presencia de ocasionales invitados que las escuchaban admirados.

Era imparcial con relación a todo el mundo, en casa o en cualquier otro lugar. Cuando transmitía Johrei, aquéllos que más lo necesitaban, eran atendidos en primer lugar. Personas fuertes, con salud, como yo, éramos siempre relegadas para el final, y sólo nos transmitía por algunos minutos.

Una vez, después que terminó de transmitirme Johrei, yo me quejé: “Aún tengo dolor de cabeza”, y Él respondió simplemente: “Sí, pero enseguida te pasará” y de hecho desapareció.

Cuando yo era niña, tenía constantes riñas con los dedicadores y con otras personas de la casa, e iba siempre a Meishu sama buscando apoyo. Él me decía: “Está bien. Más tarde voy a reprenderlo”. Sospecho que nunca lo hizo, sino sólo decía a la persona: “Si le preguntan, diga que usted fue reprendido”.

Un proverbio japonés dice: “En una pelea, ambas partes deben ser censuradas”, más la actitud de Meishu sama era consolar a ambas partes y no culpar a ninguna. Sin ser llevado por consideraciones personales, enfrentaba todas las situaciones con una conducta imparcial y calmadamente. A través de tales hechos podíamos ver el aspecto justo y cariñoso de Meishu sama. Aunque nunca hubiese sido un padre muy expansivo, yo podía sentir en sus palabras y actitudes amor y preocupación, y eso lo recuerdo ahora con un profundo sentimiento.

UN MARAVILLOSO AMOR CONYUGAL

Meishu sama, a cualquier lugar que fuera, siempre lo hacía acompañado de su esposa Nidai sama. Y aunque se tratara de una diversión, siempre pedía la opinión de ella respetando mucho sus ideas.

Esto puede parecer lógico en la actualidad, pero para aquella época era un poco extraño que una pareja actuara así. Antes el padre generalmente ocupaba la posición más elevada, mientras que la de la esposa y los hijos era una posición inferior. Esto era lo más común, pero en nuestro caso, la pareja era una sola unidad, Meishu sama siempre estaba junto a Nidai sama y nosotros los niños alrededor de ambos.

Nosotros como criaturas, sentíamos que éramos diferentes de las demás familias; hubo momentos de tristeza, pero ahora veo que era una pareja muy moderna y tengo esa imagen como la de una pareja ideal.

Cuando Meishu sama se dirigía a ella, nunca utilizó modismos como por ejemplo: “omae” (el ché nuestro), siempre usó una forma de tuteo respetuoso. Aquí podemos apreciar también que Nidai sama recibía un trato igualitario. Sinceramente siento que había un profundo, delicado y maravilloso amor conyugal.

LOS DIAS EN TAMAGAWA

En la calle Kaminoge, distrito de Tamagawa, Tokio vivimos durante diez años con Meishu sama. Pasado el tiempo, cierta vez oímos decir que en el Museo de Arte Goto situado en la misma calle Kaminoge, se realizaba una exposición de chagamas (teteras utilizadas en la ceremonia del té) y decidimos ir a verla.

No era un Museo construido recientemente, pero como yo no había tenido oportunidad de conocerlo, ésta sería mi primera visita.

Yo me sentía feliz porque íbamos a ver algunas teteras artísticas, pero estaba más entusiasmada con la perspicacia de volver a mi antiguo lugar de residencia. Me decía a mí misma: “Podré volver a Kaminoge dentro de pocos días, ¿qué le habrá ocurrido al Hozan So y a la residencia de nuestros antiguos vecinos más próximos, a la familia del señor Goto?”. Casi era más grande la expectativa de querer saber sobre esas cosas que la de ver la exposición.

En el momento en que nuestro coche llegaba a su destino, pasando por Gakugei Daigaku, Kuhonbutsu y Todoroki, sentía que mi corazón latía más fuertemente al saber que iba a encontrarme con muchos recuerdos: calles, construcciones, árboles; yo añoraba a mi querido pasado. El distrito se estaba transformando en un suburbio residencial, de calles grandes y anchas, en las cuales trabajaban las excavadoras y mezcladoras de concreto para ensanchar los caminos. Por cualquier lugar que tomásemos, nos encontrábamos la mayoría de los carteles indicadores de las calles, de modo que me sentía como una novata desorientada. Mas de repente, apareció ante nuestra vista la escuela primaria de Tamagawa a la cual habíamos asistido; “¡Allá está la escuela primaria de Tamagawa!”, estas fueron las palabras bruscas que mi hermano menor pronunció, mientras manejaba el auto, y de pronto surgió en mi mente el recuerdo de nuestra escuela del pasado. Para mi sorpresa vi frente a mí la misma estructura antigua. Su aspecto arruinado me desilusio no un poco, pero igual la sentí muy querida. Después pasamos por la vieja librería, por la tabaquería que aún recordaba y por el puente cerca del cual jugábamos. Hallamos la calle que antiguamente era desierta, llena de coches que se movían rápidamente.

Luego de una corta distancia, llegamos al lugar de Hozanso (nuestra antigua residencia) pero ésta ya no estaba más allí. El terreno había sido dividido en lotes y ahora era parte de un área exclusivamente residencial, donde se hallaban los hogares de varias personas famosas.

Subimos cien metros por la calle, hasta el lugar donde existían los enormes cerezos a lo largo de la cerca. Allí las encinas y los cedros japoneses que habían brindado su silenciosa sombra, habían desaparecido sin dejar ningún vestigio. Continuamos hasta llegar a una plaza limpia y calma, y allá estaba el Museo de Arte Goto.

Después de estacionar, subimos algunos escalones y entramos al edificio, que de afuera parecía un auditorio del período Fujiwara (900 a 1185 D.C.) en la cual, la literatura y el arte florecieron notablemente. El museo estaba dividido en una sala de exposiciones a la derecha y una sala de conferencias a la izquierda. La construcción en forma de “C” tenía un verde césped y un jardín en el centro. Mirando a través de las puertas de vidrio, podía ver cómo el jardín descendía hacia el valle en un suave declive. En el pasado toda la topografía de la vecindad era así, y el antiguo Hozanso, no fue una excepción. Yo sabía que, si seguía a lo largo del valle hacia el sur, llegaría al lugar del Fujimi Tei, donde Meishu sama había vivido.

El había construido una laguna en el valle, atravesando por un puente de madera guarnecido alternadamente, parecida a aquélla de Yatsu Hashi, uno de los trabajos más conocidos del famoso artista japonés Ogata Korin (1658 - 1716), cuyo estilo único de pintar acuarelas, hizo su nombre inmortal. El Yatsu Hashi es un cuadro que muestra algunos lirios y un puente. En los viejos tiempos, había grandes árboles japoneses en torno a la laguna, que habían hecho ese lugar seguro y húmedo; se oía el croar de los sapos escondidos en sus márgenes. Había sido un hogar para arañas de agua y larvas de mosquitos y fue como un paraíso para nosotros, cuando niños. Es extraño que Meishu sama, que gustaba de una atmósfera clara, dejara ese lugar completamente sin modificaciones. A Nidai sama le gustaba que todo continuase natural, por eso tal vez, y esto es sólo una suposición mía, Meishu sama habría encontrado una oposición inesperadamente firme de parte de Nidai sama y dejó el pasaje alrededor de la laguna tal como era.

De esa laguna salían dos caminos. Subiendo por el de la izquierda, se salía frente al Fujimi Tei, residencia de Meishu sama. Si desde allí se observaba el oeste en los días claros podía verse el cielo que se extendía largamente sobre los campos verdes, los canales de irrigación y las casas de campo rústicas y extrañas, de las cuales muchas veces se elevaba una nube de polvo, todo dispuesto con un arte no planificado. Más allá, corría el plateado río Tamagawa, que pasaba por la ciudad de Kawasaki, la cual podía verse, en un día claro, más allá del río, de las motañas Tanzawa y de los Alpes japoneses, y luego, claramente, aparecía el monte Fuji. Meishu sama gustaba de ese escenario por la mañana y por la tarde, y construyó el Fujimi Tei mirando el oeste, con el único propósito de aprovechar al máximo el paisaje.

Durante el verano, Él sufría por el calor del sol, que de tan fuerte que era podía secarlo todo, y en el invierno temblaba con las ráfagas de viento terriblemente frías del noroeste, que congelaba el rocío sobre las hojas. A pesar de eso le gustaba esa residencia y vivía en ella pues la prefería a la casa principal. En las tardes lindas, cuando el día terminaba y una languidez envolvía de a poco las ciudades y aldeas que se extendían debajo de la residencia, arriba, las montañas se presentaban nítidas con los contornos cada vez más cambiantes en el ocaso. El sol que hasta entonces había permanecido blanquecino, iba tomando de repente un color rosado que se esparcía fugazmente sobre el firmamento. Entonces, las nubes que hasta ese momento pasaban inadvertidas, iban iluminándose por dentro de una manera notable, se distinguían ondas doradas en movimientos dominantes que iluminaban el cielo entero, y la tierra parecía estar sin respirar ante la gloria del firmamento.

Pienso que puedo imaginar la sorpresa y la alegría de Meishu sama, en su primer encuentro con ese lugar y cómo debió haber sido irresistiblemente fuerte su deseo de conseguir ese terreno pese a tener únicamente una parte del dinero de su valor. Creo, incluso ahora, que no podía haber lugar más bello que ése en toda la ciudad de Tokio. Mi corazón aún sufre al recordar cómo Meishu sama se sintió cuando tuvo que separarse del Hozanso, aún para adquirir el jarrón de las glicinas.

Ahora voy a contarles algunas cosas de nuestra vida en el Fujimitei. Había un pequeño portón que llegaba directamente tanto a la entrada del frente como a los fondos de la casa principal y la cocina.

Nosotros los niños, que vivíamos en el ala principal, frecuentemente salíamos y entrábamos por el pequeño portón, ya sea con paraguas en los días lluviosos, o en las noches corriendo asustados por las formas oscuras de las sombras de los árboles.

Al principio, cuando estaba prohibida toda actividad espiritual o religiosa, y el trabajo de Meishu sama era presentado solamente como una actividad terapéutica, en la entrada del frente de la casa principal difícilmente uno encontraba un lugar para pasar al interior. (ya que los japoneses cuando entran a una casa lo hacen descalzos, dejando el calzado en la entrada).

Meishu sama transmitía Johrei desde la mañana hasta la tarde, y frecuentemente estaba muy ocupado y no tenía tiempo para almorzar. A veces, al atardecer iba con la cara muy pálida a una habitación contigua donde permanecía agotado. Hacia la puesta del sol el número de zapatos iba disminuyendo gradualmente. Cuando el último par había partido, nosotros nos sentíamos aliviados y corríamos hacia el cuarto de Meishu sama. Allí lo encontrábamos aún ocupado transmitiendo Johrei a los asistentes que habían estado ayudándole. Cuando terminaba de transmitir Johrei salía al jardín donde todavía permanecía la luz del atardecer del verano y comenzaba a andar rápidamente fumando un cigarrillo. De vez en cuando se paraba para arreglar o cortar una flor en algún cantero, daba una vuelta por la huerta mientras oía los relatos de sus auxiliares. Después miraba el estado de los pollos y gallinas, para luego apreciar con satisfacción y alegría el pequeño jardín de piedras que Él mismo había diseñado en el rincón sur. Enseguida iba hacia el jardín del fondo, se sentaba en la galería bajo las glicinas y miraba el río Tamagawa, mientras la tarde iba descendiendo.

Finalmente, bajaba en dirección a la laguna nuevamente, para dar una mirada al crecimiento de las plantas de arroz situadas en un extremo, y volvía después al Fujimitei. Ese era el paseo usual de Meishu sama por la tarde, para el cual requería más o menos una hora.

Durante su paseo, nosotros, en ese entonces criaturas, lo seguíamos saltando y rodando por el suelo alegremente, a la vez que corríamos detrás de libélulas, que aparecían con sus alas transparentes aleteando el aire graciosamente. Aún recuerdo la felicidad que sentía durante esos paseos con Meishu sama.

Recuerdo cuando a partir de un cierto día, el cuarto de tratamiento terapéutico, que siempre había estado lleno de gente, comenzó a estar vacío. Su entrada también quedó desierta, a no ser por unos pocos zapatos abandonados. Eso continuó, hasta que un día Nidai sama nos llamó y nos dijo: “Ya no recibirán más dulces como antes; tengan paciencia, por favor”. Fue entonces cuando supimos que a Meishu sama le habían prohibido hacer su tratamiento terapéutico.

Después de eso, Meishu sama pasaba la mayor parte del tiempo en su cuarto particular diseñando cuadros de la diosa Kannon. Como ese cuarto estaba expuesto al sol del oeste, frecuentemente transpiraba en los hombros y en la espalda. A veces tomaba el tren y se iba lejos, pero no obstante, Él continuaba con sus paseos diarios, principalmente dando su vuelta acostumbrada de la tarde, y a veces durante el día, iba caminando hasta el río Tamagawa. Al haber sido privado de su trabajo y presionado por los pagos de la casa, con la responsabilidad de mantener a tantos servidores y tantas criaturas, ¿en qué pensaría durante esos paseos Meishu sama?.

Nidai sama escribió en uno de sus ensayos: “Meishu sama frecuentemente iba en dirección del río Tamagawa junto conmigo. Nunca profería quejas por su situación actual y siempre me hablaba de sus deseos y futuros proyectos, uno tras otro, planeando su realización”.

En esa época yo no sabía nada de esas cosas. Como era aún pequeña, no tenía conciencia de los pensamientos y sentimientos de Meishu sama. Ahora puedo comprender que Él estaba esperando pacientemente el momento preciso, rodeado por los seguidores que venían a alentarlo y a ser alentados por Él. Cuando la guerra aumentó su intensidad, los soldados que precisaban ayuda comenzaron a aparecer amenizando la situación. Así Meishu sama con renovado vigor, inmediatamente se trasladó a Hakone.

Tengo muchos recuerdos agradables de los días de mi infancia. Recuerdo que una vez, la nieve cubrió por una noche el jardín; más allá, los campos, los caminos y las montañas quedaron todos cubiertos de un blanco vivo, con el río corriendo lento y brillante. Recuerdo cómo contuvo la respiración aquella mañana, cuando miré la escena por un momento y cómo después me arrojé a la nieve gritando de alegría.

Recuerdo un jardín de primavera, extraordinariamente bello con los viejos cerezos en ángulos rectos, con el camino a pleno florecer, y el blanco de sus flores cubriendo el jardín como si también fuese nieve. Recuerdo la estación de las frutas, tales como, caquis, uvas, higos, granadas y los diferentes aromas de las flores de olivo, jazmines y magnolias siempre fragantes, que encontrábamos durante el juego de la escondida. Todas esas cosas que fueron tan familiares para Meishu sama y para mí, durante diez años, ahora eran solamente recuerdos de algo que se fue sin dejar rastros. Quizás, los actuales moradores están aumentando sus recuerdos en su nueva situación, en ese mismo lugar tan querido, pero completamente cambiado. Pienso que eso es bueno, pues así ha sido siempre la manera de vivir en el mundo desde la antigüedad.

¿Por qué sentí tal depresión ese día, después de haber admirado la belleza de tantas teteras, notables y raras?. Tal vez, porque los recuerdos de Meishu sama en sus días de lucha y sufrimientos estaban grabados tan profundamente en aquella parte de Kaminoge, que a pesar de no haber quedado ningún vestigio material, las personas que lo sabían eran inevitablemente tocadas por ellos, o ¿será debido a la soledad del Museo en un día lluvioso, donde nosotros éramos los únicos visitantes?.

Infelizmente, porque llovía fuerte y no teníamos mucho tiempo, vacilé en proponer salir al jardín para dar un paseo, debajo de la colina. Pero antes de entrar al coche, me paré y miré hacia abajo, el largo del camino que conducía a la laguna pensé que tal vez estuviese como antes, pues los viejos grupos de árboles aún estaban como habían estado, y yo no podía ver indicios de cambios. Espero volver algún día para descubrir si el río aún está corriendo, el mismo río a lo largo de cuyas márgenes, Meishu sama frecuentemente recolectaba el berro que crecía en la primavera. Quiero ver si el pequeño atajo cubierto de grama que estaba rebosante de flores de mimosa dorada, todavía puede ser encontrado.

SIEMPRE SE ADECUABA A LAS CIRCUNSTANCIAS

En sus últimos años Meishu sama hablaba siempre sobre la peligrosidad del apego. Cuando algún trabajo empezado no avanzaba bien, cambiaba inmediatamente su curso. En esas ocasiones nunca perdía el coraje, seguía siempre un curso de acción mejor que el anterior, y paso a paso alcanzaba su meta. Yo sentía una gran admiración por su facilidad de adaptación.

Cuando vivíamos en Omori, en Tokio, los tiempos eran apremiantes. Meishu sama estaba publicando un diario parecido al “Eiko” (Gloria), el cual era un semanario que edita actualmente la Institución, vendido por sus seguidores, y la pequeña ganancia obtenida de las ventas era usada para los gastos de mantenimiento. Nuevamente, como en los días en Tamagawa, le fue prohibido hacer tratamientos terapéuticos y durante algún tiempo vivió en una situación difícil. Durante ese período controlaba todo rigurosamente. Recuerdo que nos miraba con un rostro cerrado cuando nosotros, todavía niños, le pedíamos dinero para nuestros pequeños gastos. De esta manera actuaba de acuerdo con las finanzas del momento. Nunca era influenciado por consideraciones o apariencias pues no se apegaba a hábitos establecidos. Realmente era un hombre que siempre vivía de acuerdo con las circunstancias.

NUNCA JUZGABA A LOS OTROS

Meishu sama nunca juzgaba a las personas. Incluso cuando estaba claro que alguien lo había engañado, nunca protestó. Si alguna persona causaba un problema a la Institución y Meishu sama encontraba algo que aquel individuo hubiese hecho en el pasado para ayudar a la Obra Divina, decía lo siguiente: "Yo le estoy agradecido por habernos ayudado a dar un paso más".

ACCION INMEDIATA

Meishu sama iba frecuentemente al interior para visitar Iglesias y filiales en otras localidades, y muchas veces yo lo acompañaba. Una vez planeó visitar el Museo de Ciencias Naturales de Kyoto; al enterarse de eso, los miembros que vivían en aquella zona vinieron ese día y se amontonaron en la calle para esperar por Él.

Meishu sama llegó, entró al Museo y la multitud alegremente lo siguió pensando visitar el Museo con Él. Sin embargo, fue derecho al objeto que había venido a ver, sin prestar atención al resto.

Luego de apreciarlo por un corto espacio de tiempo, dio media vuelta y fue en dirección a la salida. Los miembros que acababan de prepararse para examinar el mismo objeto, tuvieron que seguirlo apresuradamente. Recuerdo qué divertido fue ver la cara del guardián pestañando con sorpresa y exclamando: “¡Cómo, recién llegaron y ya están saliendo!”. Había tanta gente siguiendo a Meishu sama que era muy natural que Él lo notara.

También, cuando Meishu sama salía a veces para hacer compras en los grandes almacenes, era siempre muy rápido y hacía sólo lo que debía ser hecho.

Mirando los vestidos por ejemplo, me preguntaba: “¿Cómo encuentras éste?”; yo pensaba: “Ya que pretende comprármelo, voy a prolongar la oportunidad examinando los vestidos un poco más cuidadosamente para escoger el mejor”; entonces, respondía un tanto indecisa: “Podría ser...”, eso ya era suficiente: “Si no te gusta éste, no lo compramos” y diciendo eso, me dejaba sola en el lugar.

Por eso, aprendí en breve, que si quería alguna cosa tenía que decidirme rápidamente, pues cuando lo hacía, Meishu sama me lo compraba. De esta manera me entrenaba para poder tomar decisiones rápidas.

NO DESPERDICIABA NI UN MINUTO, NI UN SEGUNDO

A lo que más se dedicó Meishu sama en cuerpo y alma, fue a cómo expandir la Obra Divina de Salvación hacia todo el mundo, y por ese motivo trabajó sin perder un solo minuto.

Desde que se levantaba por la mañana hasta que se iba a descansar, planeaba las horas de su día sin desperdiciar ni un minuto, y les daba el mejor uso.

Una particularidad de Meishu sama era organizar su programación para coincidir con los programas de la radio; pues consideraba importante conocer la situación del mundo a través de los informativos. Planeaba su tiempo de modo que pudiese oir los noticieros mientras se bañaba, afeitaba, comía, y durante estas horas no podía ser interrumpido por otras personas.

Siempre que daba un paseo lo hacía acompañado por su asistente, quien llevaba consigo una radio portátil. Cuando estaba supervisando la construcción de la casa de té en un costado del jardín de HekiunSo*, realizaba estas visitas escuchando siempre la radio. Por eso, los carpinteros, al oírla sabían cuando Él se aproximaba y comenzaban a trabajar más vigorosa y animadamente. La radio de Meishu sama era como “el cascabel del gato” de las fábulas de Esopo. Meishu sama siempre escuchaba la radio a la vez que realizaba otras tareas. A la noche, mientras le leían los diarios del día, estudiaba libros de arte, escribía cartas, se dedicaba a la caligrafía o recibía masajes en sus cansados hombros. Era un ejemplo perfecto de Nagara Zoku, para usar una expresión japonesa, una persona que hace dos cosas a la vez. Meishu sama utilizaba las horas de un día perfectamente, sin atrasos ni adelantos. Por otro lado, tal vez pensase que si no actuaba así, no podría completar un trabajo tan grande como la Obra Divina. Meishu sama no permitía conversaciones inútiles con aquéllos con quienes se encontraba, pero siempre los oía con buena voluntad y seriedad.

Creía que era imperativo estar al tanto de los acontecimientos del mundo, y a través de los medios modernos de comunicación, como la televisión y la radio, absorbía los conocimientos actuales.

Ustedes pueden pensar que Meishu sama podía realizar la Obra de Salvación solamente porque tenía una capacidad extraordinaria, pero en realidad no se basaba sólo en ese hecho. Su atención para los menores detalles de la vida diaria y su gran voluntad de trabajar activamente, producían los resultados que podemos ver hoy.

(…) Él encaró su camino con convicción y con pasión, y sirvió mientras sus fuerzas se lo permitieron. Tenía un sentimiento de profundo respeto y para mí su vida fue un modelo.

Con el pasar del tiempo, el fundador de una religión es probablemente tomado como divino por sus seguidores devotos y considerado por otros como una autoridad, siendo frecuentemente citado en libros y conferencias. De esa forma no sería ya humano, no podría ser la persona calurosa y familiar que abrazamos en nuestros corazones con tal proximidad. Es verdad que Él tenía una cualidad espiritual especial y no podemos considerarlo del mismo nivel que la mayoría de las personas. Sin embargo, no fue desde esta posición como comenzó su camino. Antes de su revelación Él era simplemente un ser humano que había sido empujado en las tempestades de la vida desde la infancia, sufriendo pobreza y enfermedades, adversidades y fracasos, experimentando todos los sufrimientos y todas las alegrías que un ser humano puede experimentar.

Después de todas esas experiencias con las cuales Dios lo estaba preparando, le fue revelada su misión. Y aquí reside precisamente la verdadera grandeza de Meishu sama, por lo que siento una gran felicidad.

Capítulo II
por KYOSHU SAMA

Prologo

Estas reminiscencias narradas por los miembros calificados y por los dedicadores, o sea, por los Pioneros de la fe Mesiánica, describen otros aspectos de Meishu sama, distintos, por cierto, de los anteriores realizados por Nidai sama y Kyoshu sama, pero igualmente muestran la divina personalidad de nuestro Maestro.

Nos conducen al primer sentimiento que conmovió nuestro ser al conocer la Institución, por eso, ahondando en su vida, es que lograremos enriquecer y vigorizar constantemente nuestra misión.

Al buscar cada uno realizar el ideal de Meishu sama, comencemos por dar el primer paso.

"Nosotros, ahora, (dice el Sr. Kawai, ex Presidente de la Iglesia Sekai kyusei Kyo) estamos en la línea de partida de una nueva época. El primer paso tiene un carácter decisivo, por eso, debemos apoyarlo en la dirección correcta, dar el primer paso correctamente. Para ello, es menester que investiguemos sin flaquear ante nuestra propia debilidad, que tantas veces gana nuestra vida, convirtiéndonos en seres monótonos y vacilantes".

“Nuestro futuro como humanidad, (continúa diciendo el Sr. Kawai), depende de nuestras actividades y decisiones actuales. Nosotros somos precisamente, los primeros encargados, la primera generación de la nueva civilización y deseo que continuemos con orgullo y convicción”.


Muchas Gracias

Reminiscencias por dedicadores cercanos

El Techo del Kanzantei

La casa de veraneo de Meishu sama en Hakone, que Él denominó Kansantei (Solar de la Contemplación de la Montaña), donde Meishu sama escribió gran parte de sus enseñanzas, estaba en construcción en el verano de 1946.

En el tercer día de la construcción del techo, estaban trabajando dos hombres, que esperaban terminar la obra aquella tarde; de repente, nubes espesas aparecieron en el cielo y comenzó a oscurecerse.

Los trabajadores se preocuparon y uno de ellos dijo: “si comienza a llover antes de terminar el techo, los pilares internos van a quedar manchados. Para ser sincero, tengo miedo”.

Enseguida se dirigió a mí, en el momento en el que yo trabajaba en la parte de abajo. “Por favor”, me dijo, “pídale a Meishu sama que haga algo para resolver el problema”. “Está bien, le respondí, iré a ver a Meishu sama y le contaré lo que ocurre. Pero, primero díganme ustedes, cuánto tiempo necesitan para terminar el techo”.

“Probablemente, cerca de 30 o 40 minutos, pero, sería mejor que tuviésemos una hora más de buen tiempo”, respondió el trabajador.

Fui inmediatamente a la residencia de Meishu sama. Él salía apresuradamente cuando llegué; “¿Cuál es el problema?”, me preguntó. “Puede comenzar a llover dentro de pocos minutos”, le dije.

¿”Cuánto tiempo precisan ustedes?”, preguntó Meishu sama. “Los encargados del techo pueden terminar el trabajo dentro de una hora”, aclaré.

“Está bien”, dijo Meishu sama, “más, ¿cúal es el menor tiempo posible que ellos necesitan?”. “Cerca de 40 minutos, le respondí”.

“Está bien”, dijo otra vez y comenzó a fijar la mirada en cierto punto del cielo. Así se quedó más o menos 5 minutos y después dijo: “Ahora puede irse. Diga a los hombres que terminen el trabajo rápidamente”.

Ellos realmente trabajaron rápidamente. En el momento que terminaron y estaban preparándose para descender por la escalera, gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer a torrentes.

Yo, aún era miembro nuevo en ese momento y cuando ví a Meishu sama fijar la mirada en el cielo, dudé si su concentración realmente resultaría. Quedé muy admirado cuando verifiqué que sobre el Kanzantei ni siquiera caía una gota de agua, cuando toda el área en derredor estaba inundada.

Un dedicador

La Percepcion de Meishu sama

Tuve oportunidad de acompañar a Meishu sama varias veces, cuando Él realizaba excursiones religiosas al Distrito de Kansai. En cada ocasión que fui con Él, quedé profundamente impresionado por su percepción.

Por ejemplo, cuando Él visitó los viejos templos de Kyoto, famosos por las estatuas de Buda, pasó rápidamente ante aquellas que no tenían gran valor artístico, mirándolas sólo con un golpe de vista. Pero cuando se encontraba con una verdadera obra de arte, se paraba y la examinaba ávidamente, aunque tampoco se detenía por mucho tiempo. Pienso que Meishu sama daba inmenso valor a las inspiraciones de fondo espiritual que recibía en esos momentos. En una de sus excursones, visitamos el Templo ShinYakushi, en Nara. En el interior del Templo, Meishu sama comenzó a examinar las famosas estatuas de las Doce Divinidades. En ese momento, Él señaló una de esas figuras y dijo: “ésta es diferente”.

De aquellas doce estatuas, once fueron consideradas tesoro nacional. La decimosegunda fue hecha para sustituir la original que se había perdido. Aunque se tratase de la primera vez que las veía y estuviese un poco oscuro el patio, Meishu sama inmediatamente verificó que ésa era sólo una réplica. Para Meishu sama sería probablemente un hecho sin mayor importancia, pero todos nosotros quedamos muy sorprendidos e impresionados ante su percepción.

Un Miembro calificado

El Señor M, no salio de Tokio

A partir de 1940, Meishu sama, comenzó a avisar confidencialmente a sus discípulos, que Tokio sería reducida a cenizas. Él mismo vivía allí y ayudaba a mucha gente con Johrei, el cual, para enmascararlo, era llamado “terapéutica de manos”. En Diciembre de 1941, Japón entró en la Segunda Guerra Mundial y los japoneses estaban eufóricos, con las noticias que oían por la radio, de victorias grandiosas. Meishu sama previno a todos los miembros de Tokio que debían prepararse para abandonarla.

Muchos de ellos siguieron su consejo e inmediatamente salieron de la ciudad. Estas personas se salvaron del fuego, del hambre y de muchas situaciones difíciles. Hubo miembros que no pudieron ser avisados a tiempo y por eso, permanecieron en la ciudad, no obstante, ellos también recibieron protección. Algunos se libraron de las llamas sin quemarse y otros permanecieron en sus casas, las cuales no fueron alcanzadas por el bombardeo.

Hubo pocos miembros que no dieron crédito a la palabra de Meishu sama y algunos de éstos, infelizmente murieron. Lo que más nos sorprendió fue la terrible muerte del Señor M. de Fukawa, uno de nuestros líderes. Meishu sama lo había alertado dos o tres veces, para que se fuese lo más pronto posible, porque encontraba que aquel lugar, era uno de los puntos más peligroso de Tokio.

Cada vez que Meishu sama hablaba al Señor M., éste respondía con evasivas, pareciendo no querer acatar su consejo. Fue aproximadamente en Julio o Agosto de 1944, que lo vi por última vez. En aquella ocasión, la mayoría de los miembros residentes en Tokio ya habían dejado la ciudad, que estaba siendo intensamente bombardeada por la aviación enemiga.

Cuando le pregunte al Señor M. si había decidido irse o no, me respondió que no había encontrado una casa que le agradase. Recuerdo cómo me intrigaba el hecho de que él fuera tan indiferente al peligro que lo amenazaba. Si realmente hubiera deseado sinceramente mudarse, habría encontrado un lugar apropiado. Me di cuenta de que él no estaba interesado en eso. Poco tiempo después, hubo una gran incursión aérea sobre toda el área del centro de la ciudad. En esa época, estábamos acostumbrados a oir relatos de miembros que escaparon milagrosamente, de modo que no nos preocupamos mucho por la seguridad del Señor M. Sin embargo, él no apareció posteriormente por la sede de Hakone y comenzamos a pensar en lo que podría habele sucedido. Más tarde, supimos que fue dado como desaparecido. Después que la Sede fue transferida a Atami, su hija mayor se dedicaba a una de nuestras tareas. Ella fue la única sobreviviente de la familia que escapó al bombardeo de Tokio, porque estaba en el interior. Con lágrimas en los ojos, nos contó que obtuvo la confirmación de que el resto de su familia, cinco personas incluyendo a su padre habían muerto quemados. Estaba tan abatida que no encontraba los medios para consolarla. La trágica muerte del Señor M. enseña la valiosa lección, de que podemos confiar enteramente en las palabras de Meishu sama y que nuestro futuro depende de la manera como las aceptemos o no. Si el Señor M. hubiese seguido el consejo de Meishu sama, no habría sufrido una muerte tan trágica. Al ignorarlo, demostró falta de fe por culpa propia.

Una Secretaria

No era Magia

En Mayo de 1948, en ocasión en que trabajaba en la construcción de una canalización de agua, en el Kanzantei, en el pequeño paraiso de Hakone, se rompió el cordón de mi Ohikari. Después de eso, no volví a usarlo, porque en realidad yo no entendía muy bien lo que significaba.

Cierto día, resolví podar el enorme ciprés que había en el jardín, para permitir que nuestra plantación de verduras pudiese recibir más sol. Para eso subí al árbol con un serrucho atado a la cintura. De repente, la rama en que me sostenía se quebró y caí de la altura de casi cinco metros. Caí violentamente sobre el muslo, golpeándome contra un tronco que estaba en el suelo y quedé sin poder moverme. Intenté pedir socorro, mas la voz no me salía. Lo intenté varias veces, hasta que conseguí emitir algunos sonidos, lo bastante como para que mi mujer me oyese y acudiera. Llamó a un ortopedista, miembro de la Institución. Vino enseguida y me atendió, mas yo continuaba sin poder moverme porque la caída fue muy violenta. Tanto, que tuve la impresión de que el mango del serrucho había penetrado en mi cuerpo. Me dolía hasta cuando respiraba.

Estuve en cama durante dos semanas, imposibilitado de hacer cosa alguna. Pensé que nunca podría trabajar, incluso después que me recuperase y estaba pensando en pedir retiro de mi trabajo. Fue en esa ocasión que recibí una ayuda financiera de Meishu sama. En el decimoquinto día, pude sentarme por primera vez. En el decimosexto, ya podía andar con la ayuda de un bastón y entonces, fui a agradecerle a Meishu sama en Hakone.

Allí, me quedé junto al puente hasta que Meishu sama terminase su café de la mañana y saliese para atender sus compromisos del día. Al pedirle Johrei, él me dijo: “muy bien, voy a transmitirle ahora mismo y usted va a conseguir flexionar el tronco”.

El me transmitió desde una distancia de más o menos dos metros, durante un minuto y me preguntó: “¿Como se siente?, creo que ahora puede flexionarse; experiméntelo". Un poco receloso, hice una tentativa y para sorpresa mía, verifiqué que podía flexionar el tronco. “Usted puede flexionarse más” , dijo Meishu sama. Lo intenté otra vez y comprobe que podía moverme aún más.

Cuando volvía para mi casa, imaginaba que lo que había ocurrido debía de haber sido una especie de magia o encanto. Si así es, pensaba, el encantamiento desaparecerá con el pasar del tiempo.

Desperté aquella noche y salí de la cama e intenté nuevamente hacer flexiones, “¡extraordinario!”, me dije a mí mismo, “el encantamiento aún está actuando”. Cuando fui a lavar mi rostro por la mañana pude inclinarme y por primera vez, desde que me había caído, pude usar las dos manos.

Llegué a la conclusión, entonces, de que realmente había sido curado por el Poder de Dios, actuando a través de Meishu sama y que no había sido magia. Comprendí también, que Meishu sama era un hombre maravilloso. “Creer ciegamente no es señal de la verdadera fe”, nos enseña Meishu sama,n “cuando usted obtiene la salvación por el Johrei, siente el poder de Dios. Este hecho es lo que le permite conocer la verdadera Fe.”

Un Operario de Obras

La seguridad de las palabras de Meishu sama

Nuestra Institución fue creada el día 1º de Enero de 1935. Meishu sama compuso un himno para la ceremonia de inauguración, El Zengen Sanji, donde describe el Mundo feliz de la Nueva Era, el Mundo de Miroku (Mundo Ideal). En ese poema, él tambien dice que “el tiempo será perfecto, con vientos cada cinco días y lluvias cada diez días, en ese orden exacto”. Eso ocurrió después de la divulgación de su poema, pues tuvimos una lluvia muy fuerte el último día de diciembre. Al día siguiente, el cielo quedó limpio y tuvimos buen tiempo por cuatro días. El quinto día fue de mucho viento y el décimo volvió a llover.

Realizamos nuestro primer Culto el día 11 de Enero. En aquella ocasión Meishu sama nos dijo que el tiempo que habíamos disfrutado a principio de año, era un prototipo del tiempo en el futuro, del cual Dios ahora nos daba una pequeña demostración. Quedé realmente impresionado, por la seguridad de las palabras de Meishu sama.

Un Servidor

La Luz que envolvia a Meishu sama

En Febrero de 1943, después de haber sido curado de un serio problema en la vista, por medio del Johrei, fui designado por primera vez para prestar servicio en la residencia de Meishu sama, en Tozanso. Él entró en la sala donde estábamos todos reunidos. Como era la primera vez que veía a Meishu sama, observé bien su rostro. De repente noté con asombro que una luz blanca, en forma de nube, circundaba su cabeza y gradualmente comenzó a envolver todo su cuerpo, limitada al principio, comenzó a expandirse lentamente hasta que, finalmente, se extendió por todo el recinto. Ya había oído hablar a un Miembro calificado respecto a la brillante aura de Meishu sama e imaginé que debía ser eso lo que estaba presenciando.

Quedé emocionado por haber conocido al hombre que recibió de Dios la Luz Divina en tal grado. Por primera vez comprendí la razón por qué mis ojos pudieron ser curados y quedé convencido del poder de Dios del cual Meishu sama se convirtiera en canal. Hasta aquel momento, tenía dudas sobre lo que decía el Miembro calificado en cuanto al hecho de ser Meishu sama el Mensajero de la Luz, elegido por Dios. Yo sabía que la cura de mis ojos era algo maravilloso, más tratábase sólo de una simple cura física. Hasta el día que fuí a Atami, para mí, Meishu sama era sólo un admirable hombre, capaz de curar enfermedades. Aquel día, sin embargo, mis ojos espirituales se despertaron al verdadero y más profundo significado en el servicio de la Obra Divina.

Un Miembro calificado

Un Mensajero de Dios

Cierto día, en otoño de 1952, un grupo de Miembros calificados, en el cual me incluía, fuimos a inspeccionar algunos lugares en Nara, que debían ser visitado por Meishu sama. El Santuario Kasuga estaba en el camino y allí me dirigí. Llegué al caer la tarde. De vuelta a nuestra Institución, uno de los Miembros calificados, que aquel día trabajaba como guía, sugirió una visita a un local antiguo, llamado Santuario de Kinryu, no muy apartado del camino. Todos estuvimos de acuerdo con la idea. Fuimos por un camino estrecho, cubierto de hojas caídas y llegamos al pequeño y modesto Santuario. Quedamos sorprendidos al ver que estaba admirablemente limpio. mirando alrededor, vimos una joven de aproximadamente veinte años de edad, trabajando activamente en el resto del área. Le sonreimos y la saludamos con una reverencia, después nos dirigimos al Santuario y rezamos el Amatsu Norito. Mientras rezábamos, notamos que la joven estaba sentada en el suelo e inclinaba la cabeza, parecía que estaba en trance. Después de rezar el Amatsu Norito, me aproximé a ella, le toqué el hombro y le pregunté cual era el problema. Según contó, ella y su familia pertenecían a una Iglesia. Y cuando estaban efectuando sus tareas domésticas la mañana de aquel día, la joven entró en trance y recibió el siguiente mensaje: “Un mensajero de Dios en breve visitará Nara, con la gran misión de salvar a la humanidad. Para tomar las providencias necesarias, en esta ocasión, sus discípulos vendrán a inspeccionar el lugar. Deberán visitar el Santuario de Kasuga en un momento de esta tarde y enseguida el Santuario de Kinryu. Poca gente ha ido allá y el Santuario necesita limpieza. Vé allá y prepáralo”. La joven entonces agregó: “esta es la razón por la cual limpié, aguardando su llegada”.

Quedamos admirados por su conocimiento de la planeada visita de Meishu sama, hecho que en ese entonces pocas personas sabían. Ella sabía inclusive de nuestra visita a aquel pequeño Santuario antes de que tomásemos alguna decisión al respecto. Sabía también, que Meishu sama era un mensajero de Dios con la misión de Salvar al Mundo. Comprendimos nuevamente cómo todo era parte del Plan de Dios, ocurriendo primero en el Reino Espiritual y después reflejándose en el mundo físico.

Miembro calificado Dirigente de una Iglesia Filial

La verdad dicha en un simple comentario

Hacia fines del año 1939, fui a servir en la residencia de Meishu sama. Cierto día, poco después de mi llegada, al prepararme para recibir Johrei de Meishu sama, él me pregunto: “¿cuándo se operó usted del apéndice?”. Le informé que había sido en Enero de aquel año.

“En la situación actual preveo que Usted tendrá sólo trece años más de vida, si no toma algún cuidado con eso”, me dijo. Yo lo escuché, mas no puse mucha atención, en sus palabras, hasta hace poco tiempo. Ahora comprendo qué poca importancia dí a las sagradas palabras de Dios, transmitidas por Meishu sama. El acostumbraba a decirnos: “Recuerden siempre que hasta incluso un simple comentario que eventualmente yo haga, contiene una importante verdad”. Yo había olvidado esa declaración por mucho tiempo. Durante los trece años que pasaron de nuestra conversación, sufrí innumerables purificaciones, sintiendo que una milagrosa cura se procesaba gradualmente. Al comienzo de este año, el lugar en torno a la cicatriz se puso enrojecido e hinchado como un gran carozo. El dolor que me causaba era tan intenso que no podía dormir a la noche, ni siquiera caminar.

Recibí Johrei por cierto tiempo y eliminé gran cantidad de materia purulenta en forma de una pasta espesa. La hinchazón y la cicatriz comenzaron a desaparecer. En poco tiempo la piel quedó suave otra vez y la cicatriz desapareció totalmente. Llegué a la conclusión de que alcancé la maravillosa bendición de la cura el día 11 de Febrero de 1952, exactamente trece años después de la fecha en que había sido operado. Si yo no hubiese sido encaminado a Sekai Kyusei Kyo, probablemente hoy no estaría vivo, como Meishu sama había prevenido trece años atrás. Así comencé a creer desde el fondo del corazón, que las palabras de Meishu sama son revelaciones de Dios y por lo tanto expresan siempre la verdad.

Un Miembro calificado.

Fue como un sueño

Cierto domingo, mi hijo menor, de seis años de edad, estaba jugando al aire libre. De repente comenzó a dolerle la cabeza y empezó a tener fiebre, cada vez más alta; bostezaba incesantemente y casi se desmaya. Pensé que se trataba de disentería infantil y procuré entrar en contacto con cuatro médicos, mas ninguno estaba en su casa, pues era una tarde de domingo. En ese entonces, yo no era miembro de la Kyusei Kyo pero una vecina nuestra, la señora Nonoyama, me había hablado sobre un tratamiento espiritual llamado Nihon Johka Ryoho (nombre que entonces se le daba al Johrei).

Muchas veces ella me recomendó recibirlo. Después de verificar que no podía localizar a ningún médico, me acordé de la señora Nonoyama e inmediatamente mandé a nuestra empleada para que fuese a avisarle sobre el estado de mi hijo. Ella vino rápidamente a mi casa y me dijo: “llame un taxi lo más pronto posible, yo voy a llevar el niño directamente a Meishu sama. Tenga confianza; se pondrá bien”.

Enseguida envolvió a mi hijo en una colcha y lo llevó a Tamagawa, donde moraba Meishu sama.

Algunas horas después, oí la voz de mi hijo. Estaba radiante de alegría: “mamá, estoy aquí de nuevo”.

¿Sería verdad lo que ocurría, o sería un sueño?, pensaba yo.

“Mamá ahora estoy bien. El señor Meishu sama dijo que yo podía comer, tengo hambre”, me dijo.

Yo me sentía agradecida, mas totalmente confundida.

Al día siguiente, la señora Nonoyama llevó a mi hijo nuevamente a Tamagawa. Cuando regresó, me quedé aún más sorprendida al tomar conocimiento de que él había comido un tazón de tendon (un plato de arroz y pescado frito). El presentaba mucha vitalidad y demostraba claramente que estaba recuperado.

Una Miembro calificado.

El Presagio del Pino

En Octubre de 1949, dos años después de haber decidido dedicarme enteramente al Plan de la Obra Divina, repentinamente murió un pino en mi jardín por motivo desconocido.

Fue todo tan rápido, que mi madre y yo comenzamos a suponer que hubiese una razón de orden espiritual. Tal vez el árbol había sido sacrificado para evitar algún infortunio que debería recaer sobre nosotros. Contamos lo sucedido a un miembro calificado, el cual quiso oir la orientación de Meishu sama.

“Un pino del jardín de uno de nuestros miembros murió de repente. Quisiera saber si hay algún significado espiritual en ese hecho”

Meishu sama respondió: “el hecho ocurrido con el pino tiene relación con el destino del dueño de casa. Indica que algún problema puede ocurrirle. ¿Su casa tiene la Imagen de la Luz Divina?”. “Si”, contesté, “ellos tienen en su casa la Imagen de la Luz Divina y todos los de la familia son miembros de nuestra Institución”.

“Ellos se están dedicando a la Obra Divina?”, preguntó Meishu sama, “Si”, informó el miembro calificado, “ellos lo están haciendo y uno de sus hijos un joven, dedica su vida a la Obra Divina”.

“¿Cuántas personas consiguieron encaminar ya a nuestra Institución?”, preguntó Meishu sama.

“Casi doscientas”. Fue la respuesta. “Entonces, todo irá bien para la familia.”, aseguró Meishu sama. “Nada hay que temer. Recuerde, sin embargo, que existe un profundo significado en ese acontecimiento”.

Fuí rápidamente a mi casa y le transmití las palabras de Meishu sama a mi madre, agregando: “no necesitamos preocuparnos, pues Meishu sama informó al miembro calificado que todo irá bien”.

Nosotros nos comprometemos nuevamente a trabajar, aún más, con mayor dedicación para la Obra Divina.

Un miembro calificado.

El se sentó correctamente antes de que lo percibiera

Si no me falla la memoria fue cerca del año 1941, que un hombre que había sido predicador cristiano durante cuarenta años, buscó a Meishu sama, acompañado de uno de nuestros miembros calificados. Él había decidido hacer el Curso de Introducción.

Permaneció durante mucho tiempo sentado con las piernas cruzadas y no como la costumbre japonesa, de sentarse sobre las piernas flexionadas. Cuando oyó las palabras de Meishu sama, cambió de posición y se sentó sobre las piernas, sin darse cuenta de ello. Solamente, cuando llegó el momento de levantarse notó que se había colocado a la usanza japonesa, “¡Oh!”, exclamó sorprendido, “en vez de quedarme con las piernas cruzadas me senté correctamente, ¿no es así?”.

Meishu sama tenía tal vibración, que influenciaba a las personas sólo con su presencia.

Un miembro calificado.

Yo proseguÍ

Aprendí por mi misma, que todo lo que Meishu sama preveía, acontecía.

Poco después de la Segunda Guerra Mundial había decidido dedicarme enteramente a la Obra Divina y se lo dije a Meishu sama. El se puso contento al saber de mi propósito y me dijo: “al fin usted se decidió, ¡Entre en acción y Dios la ayudará”.

Comencé transmitiendo Johrei y nada hacía para ganarme la vida. Transcurridos tres años, había perdido casi todo lo que poseía. Mi marido había sido oficial de la Marina y al terminar la guerra él no recibió más remuneración. Cierto día, Meishu sama me preguntó cómo estábamos arreglándonos para vivir. Yo jamás pronuncié ninguna palabra de queja o preocupación, ni mencioné nuestras dificultades financieras. Entonces, por qué había preguntado él sobre eso. “¡Oh!, de alguna manera nos estamos arreglando”, le dije.

“Está bien, entonces, prosiga en su trabajo, usted tendrá éxito”, respondió Meishu sama.

Desde aquel mes en adelante, una cantidad impresionante de personas comenzaron a buscarme para recibir Johrei y mis problemas se fueron solucionando.

Una miembro calificado.

Salvado por un sufrimiento

En 1943 yo era oficial de la Marina, cuando el submarino en que servía fue alcanzado por una bomba. Fui lanzado de la torre y quedé herido. Volví a mi casa y recibí Johrei del Miembro calificado responsable de nuestra Filial.

Ya estaba casi recuperado en la primavera de1944, cuando fui en compañía de este miembro calificado a visitar a Meishu sama en Hakone. Yo aguardaba ansiosamente el día en que nuevamente estuviese completamente bien.

Después que Meishu sama nos vio, me dijo en tono solemne: “usted perdería la vida”.

¿Por qué Meishu sama me habría dicho tal cosa?. Como hasta aquel momento yo no sabía con certeza quién era él y lo que representaba, no dí mucha importancia a sus palabras.

Aquella noche el Miembro calificado me dijo: “usted mejoró mucho con Johrei, sin embargo, en vez de estar agradecido está muy impaciente, deseando estar curado enseguida. Meishu sama pudo sentir eso en su mente de inmediato y quiso darle un aviso”.

El pasó toda aquella noche esforzándose en una tentativa de corregir mi manera de pensar. Desde entonces, mi profesor comenzó a darme clases diarias sobre gratitud y muchos otros asuntos espirituales y comencé a procurar en poner en práctica mi fe.

Con todo, sin embargo, mi estado físico no mejoró lo bastante como para permitirme retornar a mi puesto.

Finalmente, llegó el día 15 de Agosto y con él, el fin de la guerra. Después de ser firmado el tratado de paz, mi estado físico comenzó a mejorar rápidamente y quedé completamente curado.

Solamente después de haber quedado bien, totalmente, comprendí lo que Meishu sama quería decirme en la frase: “usted perdería la vida”. Con eso deseó comunicarme que, si yo me hubiese restablecido enseguida, habría muerto probablemente en el campo de batalla de Okinawa. Dios me mantuvo en la situación de herido hasta el fin de la guerra, con el propósito de preservarme para Su Divina Obra, preparándome para servir, mejorando mi sensibilidad espiritual.

Ahora entiendo que Dios manifestó su Gran Amor a través de aquel hecho. Mi corazón desborda de gratitud a Él y a Meishu sama y desde entonces estoy enteramente dedicado al trabajo de la Obra Divina.

Un miembro calificado

Un hijo por milagro

Mi mujer y yo, después de muchos años de casados, no lográbamos tener hijos, por eso, cierto día, le pregunté a Meishu sama porque no teníamos esa gracia. Meishu sama respondio: “¿Quién le dijo eso?”. “Muchas personas dijeron que mi mujer no consigue embarazarse porque es muy gorda”, le dije. “Usted no cree en Dios?”, me preguntó Meishu sama. “¿Por qué da oídos a los otros?”.

Quedé sin saber qué decir y cerré los ojos. Enseguida me arrodillé y pedí perdón.

“Si su esposa se embarazase ahora”, dijo Meishu sama, “la criatura nacería deformada o tendría vida corta. Dios está purificándolos a usted y a ella, aguarde con paciencia. Tenga fe y confie en Él. Dios cuidará de todo”. Recuerdo que después, Meishu sama le transmitió Johrei a mi mujer en la región del abdomen, por un periodo más largo que lo usual.

Resolvimos, entonces, no preocuparnos más en tener hijos. Poco tiempo después, volvimos a visitar a Meishu sama. Cuando nos sentamos Él le dijo: “Parece que usted va a tener un nene”. Sus palabras fueron tan inesperadas que no sabiamos que responder. Mi mujer fue quien habló: “Creo que no, pues no estoy embarazada. De cualquier forma muy agradecida por los votos”; cambiamos de tema y después de conversar nos despedimos de Meishu sama, sintiéndonos muy felices.

Algún tiempo después, supimos que, aunque mi mujer no se hubiese dado cuenta de eso, en ocasión de nuestra visita, ella estaba embarazada.

Con el corazón lleno de gratitud, contamos el hecho a Meishu sama, quien también quedó muy feliz con la noticia.

Miembro calificado responsable de una Iglesia Regional

La recuperacion de las peonias

En 1940, Meishu sama vivía en Tamagawa, Tokio, dónde ofreció su residencia TozanZo a sus auxiliares para las reuniones habituales. Cierto día del mes de Junio, fuí el primero en llegar y me dirigí a la gran sala de reunión. Mientras aguardaba, Meishu sama entró seguido de una servidora doméstica que cargaba un balde conteniendo algunas peonías blancas.

Aparentemente, Meishu sama había venido a preparar las flores en el Altar. Quedé sorprendido por su inesperada entrada, mas procuré saludarlo y fui correspondido con una sonrisa. Las flores provenían de su propio jardín. Estaban muy caídas y marchitas, como si hubiesen sido cortadas hace mucho tiempo y no tenían buen aspecto. Pensé por qué Meishu sama iba a utilizar esas peonías que parecían tan feas.

Se arrodilló a la costumbre japonesa, sacó las flores una a una y las colocó en un vaso con habitual simplicidad. Cuando terminó, se inclinó hacia atrás, se apoyó con una de las manos en el suelo y parecía que inspeccionaba las flores. Con un tremendo asombro, ví nítidamente cuando los pétalos marchitos comenzaban a levantarse readquiriendo las condiciones normales

¿Había ocurrido eso en un minuto o cinco?, no sé bien; sólo sé que quedé tan sorprendido que tuve que inclinar mi cabeza en señal de reverencia . Aquellas peonías que estaban allí en tan malas condiciones, se mostraban ahora muy frescas y perfectas.

Después de arreglar las flores, Meishu sama se volvío a mí y sonrió. No pronunció ninguna palabra, más leí el mensaje que me quería dar a través de su expresión, “usted acaba de ver lo que la Luz Divina puede hacer, no?”. Era lo que parecía decirme. El debe haber canalizado la Luz a través de sus ojos. En aquella ocasión, yo aún no era miembro de la Institución. Había oído de mi profesor y de miembros más antiguos, referencias sobre Meishu sama y sobre el poder de la Luz Divina por Él canalizada.

Aquél día, yo vi ocurrir un milagro ante mis ojos y así quedé, enteramente convencido de que el nivel espiritual de Meishu sama era realmente elevado.

Un Miembro calificado.

El barrilete que emitía luz

El día 4 de enero, después de transmitir Johrei como parte de su rutina diaria, Meishu sama salió al jardín. Allí Él soltó un gran barrilete donde estaba un retrato de Dharma (un monje budista de la India, famoso en Japón). En ese momento, yo estaba por casualidad en el jardín y vi su barrilete muy alto en el cielo. Qué bonito espectáculo era aquél. De repente noté que el gran cometa emitía una luz roja en todo su contorno. Vista de abajo la luz parecía tener un grosor de aproximadamente dos metros. Centelleaba con tal brillo que parecía enviar chispas en todas las direcciones. Quedé tan asombrado y admirado ante esa visión majestuosa, que llamé a todos los que estaban dentro de la casa para que también pudiesen verla. Vinieron todos, miraron y se quedaron maravillados, llenos de veneración.

Después de unos instantes, Meishu sama dijo a uno de los representantes: “Por favor, asegure ésto por mí un instante”, pasándole el cordón del cometa y dirigiéndose a entrar en la casa. A partir del momento en que Meishu sama pasó el cordón a otra persona, la luz que envolvía al barrilete desapareció.

Cuando Él retornó y tomó el cordón, nuevamente la luz volvió a brillar como antes.

Quedé tan tremendamente impresionado con lo que veía, que no pude dejar de preguntarle el significado.

Él respondió: “Nada hay de extraño en ésto. La Divina Luz de Dios, que emana a través del interior de mi ser, fluye de mi mano y recorre el cordón hasta el barrilete. Una vez que no puede proseguir, ella se irradia del cometa”. Él explicaba todo con tanta simplicidad como si todo fuese natural, más, los que allí estaban, quedaron tan impresionados, que hasta llegaron a llorar.

La Luz siempre emanaba del cuerpo de Meishu sama, pero por alguna razón de Orden Divino, generalmente era invisible.

Aquél día, sin embargo, todos los que allí se hallaban tuvieron el privilegio de ver esa maravillosa Luz.

Un Secretario



Meishu sama conocia a las personas en un golpe de vista

Cerca del año 1938, Meishu sama acostumbraba a tener conversaciones especiales con los miembros que habían terminado el Curso de Introducción.

En esas ocasiones transmitía enseñanzas más detalladas sobre el Johrei y otros asuntos espirituales.

Cierta noche, cerca de diez personas se reunieron para escuchar una de sus conversaciones. El fallecido Reverendo Shibui, que en esa época era un miembro nuevo, tuvo permiso para asistir. Después de la reunión, Meishu sama me llamó. Quería saber la identidad del nuevo miembro.

Yo no lo conocía bien, a no ser por su nombre, por la profesión y la pregunta que él formulara.

MeishuSama dijo: “él tiene la mente brillante. Estoy seguro que será un instrumento brillante en el futuro”.

En aquella ocasión sus palabras no me impresionaron.

Más tarde, sin embargo, comprendí cómo era de aguda la percepción de Meishu sama, pues el Reverendo Shibui, se convirtió en uno de nuestros mayores líderes.

Él encaminó millares de nuevos miembros a la Obra Divina.

Un Servidor

El sentido de previsión de Meishu sama

Sentíamos que todo lo que Meishu sama hacía o decía, estaba en perfecta armonía con la Voluntad de Dios, para la concreción de la Nueva Era.

Cierta vez, Él dijo: “Todo en lo que yo ponga mi atención, prosperará”.

Yo sé que Él siempre trabajó con miras al futuro y a todo el mundo, de tal forma que sería difícil imaginarlo desde el punto de vista material. Él realizaba preparativos para eventos y situaciones que irían a ocurrir muchos años después. Jamás ninguna persona común podría prever tales cosas. La obra de Meishu sama para establecer el Paraíso Terrenal, constituye uno de esos ejemplos de preparativos.

Un Secretario

Los retratos de Meishu sama no se quemaron

En 1950 hubo un gran incendio en Atami. La Ciudad fue casi completamente destruída .Todo el Distrito de Shimizu cho quedó reducido a cenizas, con excepción de nuestra Sede General. Esta quedó intacta, como una isla rodeada de un mar de devastación.

Los miembros sintieron júbilo y admiración al verificar que los pinos distantes cerca de dos metros de la entrada, estaban chamuscados, sin embargo el edificio no fue alcanzado.

Próximo al cordón, el pequeño local donde se editaba nuestro diario, “Hikari” (Luz), fue incendiado.

Cuando realizábamos la limpieza del lugar, encontramos una pila de ejemplares cubiertos de cenizas, mas no quemados. Levantándolos, vimos que constituían las primeras páginas del primer número del “Hikari”, dónde estaba impresa una fotografía de Meishu sama. Estas páginas no quemadas, fueron distribuídas entre los miembro calificados, cuya fe en Meishu sama se intensificó aún más con este hecho.

Miembro calificado dirigente de una Iglesia Filial

Meishu sama vio el resentimiento dentro de mi mente

Cierta vez ocurrió un hecho que me causó mucho resentimiento. Llegó a tal punto, que no pude contenerme más y resolví hablar con Meishu sama.

Con ese problema en la mente, me dirigí al HekiunSo, residencia de Meishu sama. Él estaba sentado junto a una pequeña mesa en el patio. Lo saludé, al tiempo que me sentaba en una silla frente a Él, pero antes de que yo dijera una palabra, Él comenzó a hablar.

“Usted está con una purificación en la cabeza”, observó. Parecía que Él estaba viendo dentro de mi mente, que estaba llena de resentimiento.

Enseguida me transmitió Johrei. Después de dos o tres minutos solamente dijo… “¿Cómo se siente; veo que ahora usted está bien”.

La verdad es que en aquel corto espacio de tiempo, todos mis pensamientos negativos desaparecieron y me sentí completamente sereno. Meishu sama debe haber comprendido toda la situación, lo que estaba ocurriendo conmigo y por qué yo me sentía totalmente infeliz.

No pude pronunciar palabra y no tuve necesidad de hacerlo. Así volví a mi casa, realmente sin haber contado siquiera una vez mi problema. Se renovó en mi la veneración por Meishu sama y por el poder que poseía de ver dentro de la mente de los otros.

Un miembro calificado Dirigente de una Iglesia Filial.

Usted no pidio perdón

No podemos mentirle a Meishu sama.

Un día, un hombre de cerca de cuarenta años de edad, que era uno de sus miembros calificados, le pidió disculpas por algo que había hecho. Por casualidad, yo estaba presente.

Él escuchó con calma y dijo: “Esta no es la primera vez que usted procede de esa manera, ¿no es así?”.

El hombre respondió: “¡Oh! sí, es la primera vez”. Inmediatamente, Meishu sama relató lo siguiente: “en el día tanto, del mes tanto, el año pasado, usted hizo tal cosa, lo cual, no fue correcto y usted sabía que estaba procediendo mal”.

Después prosiguió: “Usted es Miembro calificado, aunque haya sido algo de poca importancia, usted debería haber pedido perdón en aquella ocasión. El motivo por el cual está hoy con mayores problemas, es consecuencia de no haber actuado como correspondía, aunque se tratara de un pequeño error”.

Quedé sorprendido al escuchar todo eso y le pregunté a Meishu sama, cómo Él podía tener conocimiento de todo eso con tanta precisión.

Meishu sama me respondió: “si yo deseara saber respecto de determinadas personas, puedo identificar todo sobre ellas, incluso las cosas más simples del día a día”.

Y agregó: “Sé todo respecto a usted también”; “¡Oh no!, ¡Para mi basta!”; exclamé un poco asustado.

¿Cómo podría Él saber tanto a menos que fuese un Ser Divino?.

Y me sentí aún más atraîdo por Él.

Miembro calificado dirigente de una Iglesia Filial.

A buen entendedor media palabra basta

Cierto día, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, Meishu sama se refirió al libro de profecías de la secta Oomoto, de la siguiente forma: “puede ser que ustedes no sepan de qué se trata, mas está bien claro para quien quiera entender”.

Allí dice: “pájaros de tierras extrañas volarán sobre nuestro país y abatirán a los pájaros japoneses. Bajo las patas saldrá fuego”; “Todo eso se realizará”.

Le pregunté qué significa “bajo sus patas”, y me dijo: “significa que la Imperial ciudad de Tokio un día será un mar de llamas. Ustedes deben procurar ser más perspicaces, para poder entender todo el problema por medio de unas simples palabras. En caso contrario, no podrán ser eficientes instrumentos de Dios en la Obra Divina”.

Solamente después de terminar la guerra, es que pude comprender el verdadero significado de todo eso.

Algo parecido ocurrió, en ocasión del gran terremoto que sufrió Japón, en el distrito de Kanto.

Antes de esto, el Reverendo Deguchi, de la Secta Oomoto, dió a Meishu sama un cuadro de un gran incendio, pintado por él mismo, dónde se veía un mar de llamas en casi toda la superficie. Bastó mirarlo y Meishu sama previó lo que estaba por ocurrir. Se mudó entonces a Omori y luego de un tiempo, un terremoto desvastó la ciudad de Tokio.

De esa manera, los sabios son capaces de transmitir sus pensamientos entre sí, sin usar palabras, en una época difícil en que la verdad no pueder ser abiertamente revelada.

Un miembro calificado responsable de una Iglesia

La segunda visión de Meishu sama

En 1952 recibí un telegrama de Meishu sama que decía: “Usted está con una tensión en torno de la región occipital. Venga a recibir Johrei”. Quedé muy sorprendido con eso. Aunque sí estaba con el cuello y los hombros endurecidos, me admiré de que Meishu sama tuviera conocimiento de mi estado, ya que no lo veía hacía más de un mes. Inmediatamente me dirigí a Él y le pregunté cómo lo supo.

Meishu sama me dijo: “Cuando examiné el manuscrito que usted me envió, verifiqué que su manera de escribir no era correcta. Además de eso hubo muchos errores en el uso de te ni o ha”. (pequeños vocablos usados como preposiciones).

Él sabía que eso había sido causado por el endurecimiento de mi cuello y hombros, aunque yo nada notase mientras escribía. Al año siguiente, ocurrió algo más extraño, tan extraño que quedé perplejo de que eso pudiera ocurrir sin uso de magia.

Recibí otro telegrama, esta vez del Secretario de Meishu sama, en los siguientes términos: “Necesito hablarle. Venga a Hakone lo más pronto que pueda.”

Inmediatamente atendí a su solicitud. Cuando llegué a la residencia de Meishu sama, su Secretario vino a mi encuentro y me preguntó: “¿En que situación está su casa?, Meishu sama dijo que usted está en apuros y que recibió orden de desalojo. Me dijo que no podía continuar trabajando para Dios sin tener casa y me recomendó que le comprase una, tan pronto sea posible. Esta es la razón por la que le envié el telegrama. ¿Es verdad que tiene que irse de la casa donde mora?”.

Le expliqué cual era el problema que había en aquel momento. Mi mujer y yo vivíamos en una casa alquilada, que había sido vendida a un extraño, sin nuestro conocimiento, después a otra persona y más tarde a un tercer comprador. Cada nuevo propietario nos había aumentado el alquiler. Y uno de ellos, cierta vez, mandó un grupo de valentones para efectuar la cobranza. Finalmente, vino un procurador con la intimación de que yo decidiese comprar la casa o que la desocupara inmediatamente.

Mi mujer y yo estábamos muy preocupados con el problema. No teníamos el dinero para comprar la casa, ni ganábamos lo suficiente para alquilar un departamento. Estábamos dispuestos a resistir el desalojo por todos los medios a nuestro alcance.

Conté todo eso al secretario de Meishu sama y le dije cómo me extrañó el hecho de haber recibido su telegrama y que Meishu sama supiera todo lo que pasaba conmigo.

“Es natural que Meishu sama tuviera conocimiento de ese hecho, pues Él alcanzó un nivel de iluminación a la que se le dá el nombre de Kenshinjitsu (palabra japonesa que significa Ver la Verdad. El más elevado estado de iluminación concedido por Dios al ser humano). Yo también estoy impresionado con la divina inspiración de Meishu sama. Ahora debo hacer el relato y ver qué ocurre”.

Más tarde mi mujer y yo fuimos a la justicia.

En Agosto de 1955 ganamos el juicio, lo que nos garantizaba una indemnización por el actual propietario, por habernos desalojado de nuestra casa, además de una disculpa por parte de él. Ganamos también un mes de alquiler. Y con esa solución pudimos mudarnos a otra casa.

Un miembro calificado.

Una Palabra dicha por casualidad

Ocurrió en el verano de 1954, en el Kanzantei, en Hakone. Meishu sama señaló el lugar dónde hoy está su mausoleo y dijo: “No faltará mucho para que ese lugar sea mi morada definitiva”.

Pensé que Él se refería a una nueva residencia, que allí pretendía construir.

Ahora verifico que se refería a su muerte, de la cual ya debería estar conciente en aquella ocasión.

Cierta vez, Meishu sama dijo: “Yo digo la verdad de manera simple, concisa, directa. Por eso es que muchas veces las personas no llegan a entenderme".

Un servidor doméstico.

El bastón que contenía Luz Divina

En 1936, Meishu sama visitó una mina de la Ciudad de Gero, Distrito de Gifu, que estaba bajo la dirección de uno de sus discípulos. Él subió al monte con el auxilio de un bastón que, previamente había solicitado al personal de la mina para su uso. Después de descender del monte, retornó a Tokio, dejando el bastón en el escritorio de la mina.

En la casa, junto al edificio, vivía un señor de mucha edad, que caminaba con dificultad por causa del reumatismo, mal de que padecía desde hacía mucho tiempo. Él vió el bastón que estaba en la pared, cerca de la entrada del escritorio. No se sabe si tenía conocimiento de que el bastón había sido usado por Meishu sama, más el hecho es que lo tomó para dar un paseo. Súbitamente verificó que caminaba con mucha más facilidad que antes. Se sorprendió, más, no le dió demasiada importancia. Continuó usando el bastón siempre que salía de paseo y no tardó mucho, para su asombro y alegría, en verificar que estaba curado de su antiguo sufrimiento.

Este es uno de los muchos hechos milagrosos que ocurrieron durante la época en que Meishu sama ocultó su poder personal al conocimiento público.

El bastón que su mano aseguró por sólo algunas horas, emitía gran poder, porque contenía su vibración espiritual. Varios años antes de ese acontecimiento, Meishu sama posó para una fotografía con sus manos apoyadas sobre el borde de un vaso de porcelana.

En la fotografía las palmas de sus manos podían ser vistas a través de la gruesa lámina de porcelana del vaso. Estamos seguros de que sus manos siempre irradiaron la intensa Luz de Dios.

Un Secretario

La luz del sol reflejada en el altar

En el día del cumpleaños de Meishu sama, el día 23 de Diciembre de 1954, debía realizarse una ceremonia dedicada a la Imagen de la Luz Divina, en el Santuario Sagrado de la Sede General. Yo debía ayudar en la recepción, como participante del grupo de la Sede General. Aquel día, tuve el privilegio de ver algo maravilloso y deseo contarlo.

Algunos miembros que vivían en lugares distantes, vendrían a Atami en trenes nocturnos y llegarían a la Sede General antes del amanecer.

Como la mañana estaba fría y soplaba un fuerte viento, imaginé que desde temprano debería ser permitida la entrada de la gente en la sala. Resolví llegar allí antes que las personas, para ver si estaba todo en orden y después salí, volviendo a la sala a las 6.30 de la mañana.

Cuando llegué, el sol estaba despuntando en el horizonte, sobre el mar. Cerca de 80 miembros que deseaban apreciar el nacimiento del sol, estaban allí también. Todos exclamaban: “¡Qué belleza!”. Entré en la sala y caminé en dirección al Altar.

Estando ya en la mitad del camino, noté de repente que el sol estaba incidiendo exactamente en el centro del Altar, haciendo que toda la superficie brillase con sus rayos. Comparando ese cuadro a un proyector, parecía que el sol era la fuente de la Luz, la entrada era el diámetro de las lentes y el Altar era el centro.

“¡¿Cómo puede la luz del sol estar perfectamente centralizada en el Altar?!”.

Pensé, atónito, al ver ese hecho. Volviéndome, quedé nuevamente sorprendido al ver el sol centelleando directamente a través de la entrada. Sentí que había algo misterioso en torno de ese acontecimiento, que existía un significado especial, en virtud de haber iluminado el sol el nuevo Altar en el aniversario de Meishu sama

En el momento en que el sol se elevó por entero en el horizonte, se formó una corriente de Luz directa, en perfecto equilibrio y alineación, partiendo del sol, pasando por la entrada de la Sala de Culto y llegando al Altar Sagrado. Este cuadro me impresionó profundamente.

Un servidor de la sede general

Profecía sobre una crisis nacional

Cierto día del año 1934, en una de las ceremonias regulares, (durante algunos años después de haber recibido su revelación y antes de que fundase la Iglesia, la residencia de Meishu sama era utilizada como Sede Provisoria y allí, él realizaba un Culto Mensual). Meishu sama hizo una profecía sobre la Segunda Guerra Mundial. Sabemos, por experiencia propia, que todo lo que Él previó, realmente aconteció.

El punto principal de sus palabras fue el siguiente: “Un día vendrá en que Gran Bretaña, los Estados Unidos de América del Norte, Francia, Rusia y China, constituirán una alianza entre sí, contra Japón. Como consecuencia de eso, Japón perderá a Corea, Manchuria, la Isla Sakhalin, Formosa y las Islas de la Micronesia. Después de eso, Japón no poseerá más ejército o marina. Las clases privilegiadas, la aristocracia y los ricos, sufrirán grandes dificultades. La crisis nacional está muy próxima, irrumpirá una guerra entre Japón y el resto del mundo y pasaremos por una época de mucho sufrimiento. Será, sin duda, un período grave y tormentoso, en que Japón quedará completamente aislado y es cierto que esa crisis se está aproximando”

Era una época en que el imperialismo predominaba en Japón, sin ninguna oportunidad de penetración de otras ideas, de modo que Meishu sama habló sobre eso sólo con los amigos más íntimos y de mayor confianza. Si su profecía hubiese sido contada a las autoridades gubernamentales, Meishu sama habría enfrentado más problemas de los que se pueden imaginar.

Diez años más tarde, la mayor parte de la profecía había sucedido.

Un servidor

Dios cuido de mi caso

A principios de Mayo de 1944, recibí una noticia ya un poco fuera de tiempo.

Cuando asistía al Ceremonia Mensual en la Sede General de Hakone, le conté a Meishu sama que había sido convocado por el Ejército.

“Usted debe aceptar el hecho, más, Dios cuidará de su caso”, dijo él, de manera despreocupada.

Después del Culto, algunos miembros calificados más antiguos, que habían oido nuestra conversación, se aproximaron a mí y me dijeron: “Felicitaciones. Nada le ocurrirá a usted. No hay razón para afligirse”. En aquella ocasión, no entendí qué querían decirme. Enseguida fui mandado para un regimiento en Tiba, integrando una unidad encargada de construir vías de ferrocarril. Pocos días después, comencé a recordar lo que me había dicho algunos años atrás: que yo sufría de cálculos renales y que el mal era crónico. Pensé para mí mismo; “Tal vez sea rechazado en el momento en que me hagan el exámen médico”. Pero, en vez de lo que suponía y esperaba, cuando llegó mi turno de ser examinado por el médico del ejército, fui aprobado sin mayores demoras. Yo había rezado mucho para ser excluído, pues sólo así podría dedicarme enteramente a la Obra Divina, como deseaba. Lamentaba el hecho de que, teniendo el Sagrado Punto Focal en mi pecho, tuviese que ir a combatir, en lugar de ayudar a los que sufrían. Estaba seguro de que nada podía hacer en este momento y por eso decidí resignarme.

Aquella tarde el oficial de guardia semanal trajo un aviso, era un boletín que decía: “las siguientes personas no necesitan prepararse para seguir con destino al frente de batalla...,” entre los nombres mencionados estaba el mío. Poco después la unidad partió, las personas que quedamos, pasamos nuevos exámenes médicos y fuimos reprobados y enviados nuevamente a nuestros hogares. Más tarde supe que la unidad, cuando era transportada hasta el frente, fue atacada por aviones enemigos y totalmente destruída. Esa noticia me hizo pensar mucho sobre la protección especial que había recibido y quedé profundamente agradecido.

Cuando encontré a Meishu sama otra vez en la Sede General me dijo: “Felicitaciones, ahora dedíquese enteramente a la causa de Dios”. Quedé tan impresionado que sentí todo mi cuerpo temblar.

Un miembro calificado